Última vez.



Hoy fue la primera vez que sentí el crujido en el corazón, sentí tu ausencia, sentí ese extraño vacío, no es un vacío de un ser que se ha ido de este mundo, sino un vacío de un ser que estuvo y que sigue estando aún sin estar;  y te llore, no porque te hayas ido ni porque no estés, ni porque me duela, es porque esa extraña sensación me recalca lo difícil que va hacer volver a tomar unos tragos contigo, yo haciendo el papel de psicólogo y tú de paciente indeciso. 
 
Hoy es la primera vez que me conmociono por no poder tener un abrazo tuyo, sabes? De esos abrazos que te reconstruyen, en los que no hace falta hablar, ni siquiera respirar, solo se trata de sentir, de hundirte en unos brazos que te devuelvan lo que sea que hayas perdido, esos abrazos salvadores de unos brazos que ya no están; y te llore, no porque te hayas ido ni porque no estés, sino porque de veras un abrazo tuyo es lo que necesito.

Hoy es la primera vez que aterrice, digamos que la esperanza me soltó y me dejo caer. Terca, prometí aguantar esta guerra de una lucha interna entre mi corazón y mi razón,  y perdí. Te juro que no falle, solo me rendí; y te llore, no porque no estas ni porque te fuiste, sino porque tú eres el causante de la guerra, y porque las guerras siempre dejan heridos, y porque es difícil encontrar un tratado de paz o alguna conciliación, y porque en las guerras siempre hay uno que pierde más.

Hoy fue la primera vez que me arrepentí de no haber ido a despedirte, y no es precisamente porque no vaya a verte más, es porque soy tan despistada que no me di cuenta de que tu despedida no iba con el “hasta luego” que siempre repetías, o con el “en unos meses vuelvo”. No. Esta vez no, esta vez la despedida iba con un contundente “adiós”, con una enorme incertidumbre de no saber cuándo te volveré a ver; y te llore, no porque te fuiste ni porque no estas, sino porque empiezo a aceptar la cruda realidad.

Hoy es la primera vez que de verdad sufro por amarte, y no es  porque tú no ames, sino porque perdí la fe en eso que teníamos, y sin fe, se pierde el rumbo, sin rumbo se pierde el sentido. Y te llore, no porque te fuiste ni porque no estás, ni porque haya perdido la fe, sino porque no puedo seguir anclada a un mar inmenso que no me pertenece.

Hoy fue la primera vez que te llore, y no necesariamente anduve derramando lágrimas. Es ese tipo de lágrimas que nadie ve, pero las sientes. Y te llore, porque te fuiste y porque no estas, porque no sé cuándo tendremos unos tragos disfrazados de paciente y psicólogo, y porque no recuerdo cuando fue nuestro último abrazo, nuestro último beso, nuestra última mirada, y porque en esta guerra fui yo quien más perdió,  y porque me duele esta cruda realidad, y porque sigo anclada a lo que no me pertenece, y  sobretodo, te llore porque ya no podía seguir engañándome a mi misma, porque aunque tú no vayas a regresar, yo no te pienso dejar de amar.

Hoy es la primera vez que hago realmente hago caso a lo que dice un libro, dice que: “Las lágrimas tienen súper poderes invisibles, pero sanadores”, por ello, decidí llorarte hoy, porque sé que yo voy a sanar y porque una buena amiga me dijo: “podemos engañar al mundo pero no a Dios”...

Hoy es la última vez que me permito negar lo que siento.
-.Aksu.

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