Entre colores - lo opaco -.
Hay días que no tengo ganas y
ganas que no tienen días. En la escala de colores, hay personas que fueron un
gris luna en mis noches oscuras. Los recuerdo medio borrosos, carentes de
risas, carentes de llantos, carentes de verdad, carentes de compañías. A veces
condicionamos nuestra existencia o nuestras decisiones, a lo que ocurre en
nuestro alrededor sin ser conscientes de que nunca podremos controlar lo que
está ocurriendo, ni lo que otros están haciendo, pero si podemos tomar medidas
en como reaccionamos nosotros ante ello. Yo que siempre he huido de todo, todo
lo que amerite resistir, porque nunca había sido tan frágil como para querer a alguien
más que a mí, porque nunca he sido tan dura como para perjudicar a alguien de
forma consciente, porque siempre estuve ciega de no verme vulnerable, sensible,
débil, porque siempre le corrí a lo inestable, y lo que me daba miedo no lo
hacía sin darme cuenta de que eso también me heria. He creído, por mucho
tiempo, llevar una cruz que me ha impedido ser feliz antes, siempre corrí
porque nadie me enseño lo que es quedarse.
Hay días que no tienen sonrisas y
sonrisas que se vuelven estadías. En la escala de colores hay personas que son
un amarillo sol en mi vida. Los recuerdo brillando, los recuerdo bailando, los
recuerdo abrazando. Hay gente que siempre brilla y tenerla cerca también te
hace brillar, gente que, aunque no estén cerca son compañía, son abrazo tibio,
son refugio infinito, son esa chispa de valentía que a veces la rutina nos
quita. Yo que siempre he huido de todo, todo lo que amerite aferrarse, todo lo
que amerite amarrarse, todo lo que amerite enredarse, porque nunca he sido tan
mala como para cortar un par de alas, porque nunca he sido tan ruda como para
minimizar sueños ajenos, nunca he sido tan cruel como para no darme cuenta de
que amar más, es simplemente herir menos. He creído, por mucho tiempo, que en
los momentos oscuros solo me tengo a mi, sin ser consciente de que hay un
batallón por ahí, que lucharían por mí, que me ayudarían mucho si se enteraran
de lo mal que a veces la paso, que me cargarían en su espalda cuando ya no
pueda dar más pasos. (Aclaratoria: la NASA ya dijo que el sol era blanco,
pero mi cerebro aún no se acostumbra).
Hay días que no tienen luz y
luces llenas de oscuridad. En la escala de colores hay personas que son un
blanco nube en mi ventana, tan puros que te nublan la consciencia, sin darte
cuenta te alumbrarían todas las tinieblas para que tú no te desvanezcas, tan
claros que no importa cuánto oscurezca, te guían, y te sacan el dolor de
adentro, te exprimen la tristeza y hacen la vida tan ligera que de alguna forma
su presencia da ganas de estar, de volar y regresar. Me basto con ver a otras
personas rotas para que eso también me rompiera, me basto saber que era capaz
de dar para no exigir de más, me enfrasque en perseguir una paz y una
tranquilidad que le quite mucho espacio a la “felicidad”. Yo que siempre he
huido de todo, todo lo que amerite perdonar, porque nunca había sido tan buena
como para poner la otra mejilla, porque nunca he sido tan pura como para abrazar
noche tras noche lo que me ha herido, porque nunca había sido tan humana como
para decir “lo siento” antes de que la cicatriz se pronuncie, nunca he sido tan
inconsciente como para que mis heridas provoquen en otros fracturas, porque
nunca antes he sido tan consciente como para despedirme sin romperme. He
creído, por mucho tiempo, que soy de hierro, callando mis sentimientos,
enfriándolo todo por fuera y por dentro.
Hay días que no tienen calma y
calmas que no tienen mar. En la escala de colores hay personas que son todo
azul océano en mi cielo, tan profundos, tan misteriosos, tan secretos. Nunca
sabremos la profundidad de un amor sin antes habernos sumergido en él, nunca
sabremos que soltar es amar sin antes haber resistido hasta romperte uno a uno los
latidos, nuca sabremos de despedidas sin antes haber dejado el alma en un
adiós, nunca sabremos la electricidad del afecto sino exponemos el alma ante
otro elemento, nunca sabremos qué tan hondo hemos herido si la herida no nos
traspasa el pecho también. Yo que siempre me creí bien fuerte para irme aunque
mi corazón quería quedarse, yo que jamás había sido tan valiente como para
cerrarme yo misma la herida y marcharme sin recibir disculpas, yo que jamás he
sido tan loca como para no reconocer que el amor también se equivoca. Huyendo
fue que entendí que no hay refugio que pueda salvamos del frio que llevamos
dentro, no hay que saltar a la inmensidad si primero no navegas en tu mar
interno, ese mismo que siempre termina congelándome los sueños, y la poquita
calidez que la vida me ha ido brindando. He creído, por mucho tiempo que la
libertad de amar es dejar volar, pero igual lloro cuando me dejan sola atrás.
Hay días que no tienen mucho aire
y miradas que asfixian al final del día. Hay personas que son un bosque verde
en mi montaña. Los recuerdos frescos, naturales, devolviéndome el oxígeno que
la cotidianidad a veces me inhibe, son de esos que te regalan un pocote de
esperanzas sin importar el tamaño del caos, de esos que te enseñan que no todo
es para hoy, porque para que un árbol sea árbol debe asentar sus raíces, para
que un árbol tenga flores debe atravesar estaciones, para que un árbol de
frutos antes debe crecer, para que un árbol de sombra primero debe haber luz. Y
algunas veces para aprender a ser una buena persona necesitas equivocarte, para
descubrir lo que está no está bien (más en ti que en los otros), porque para valorar
los buenos momentos se deben atravesar situaciones feas (no siempre). Yo que
nunca he sido de abrazar, ni de acurrucar, ni de cuidar, porque siempre fui
inexpresiva mientras el alma se me partía, impaciente, tan fría que me dejé
llevar por las vibras de ojos que también mentían. Yo que nunca había sido tan
yo, hoy riego mis propias raíces y me pido perdón por deterioros anteriores. Yo
que nunca antes supe pedir perdón, hoy sé lo importantes que son, porque no los
necesita un cerebro, ni unos ojos, ni un oído, los necesita un alma para poder
reconstruir un corazón, aunque algunas bocas no lo pronuncien a tiempo. He creído
en una época de mi vida, que dejar ser es una forma de amar, pero si esa forma
de ser te está rompiendo, ¿tienes que quedarte a verte rota o tienes derecho
salir corriendo antes de que se te caigan los pedazos?
Hay días que no tienen ocasos y
recuerdos que todavía arden en el amanecer. Hay personas que son flamas tibias en
mi invierno. Los recuerdo encendiendo, los reconozco apasionados, tan intensos
que queman sin estar cerca, y aunque algunas de sus acciones me hayan mostrado
el sabor del infierno, aunque entre sus pasiones me hayan dejado ruinas por
dentro, siempre los recuerdo calentando mis sentimientos y derritiendo todo mi
hielo, chamuscando mis miedos, avivando un par de sonrisas, pero así es el
fuego ¿no? sino lo alimentas se apaga y si te descuidas lo incendia todo; dicen
que el corazón es del tamaño del puño de un humano, supongo que por eso no hay
dos corazones iguales, quizás es por eso que todos vibran y conectan distintos,
muy a pesar de que posiblemente todos laten igual. Yo que nací en el calor del
caribe, he sentido la candela bien de cerca, no entiendo porque dentro de mi
existe tanto frío. Igual nunca he sido tan helada como para no sentir un te
quiero, nunca he sido tan iceberg como para no darme cuenta cuando he dañado a
alguien, nunca he sido tan tempano como para no arrepentirme de no haber besado
y abrazado más. He creído por mucho tiempo que el frio no esta tan mal, hasta
que vi a mi alma tiritar.
Un color “existe gracias a la
presencia de la luz” es decir que, sin luz todos luciríamos igual, ¿igual de
tristes o igual de oscuros?, personalmente no creo que sea casualidad. Hace
como un año cuando empecé este escrito le pregunté a varios amigos cercanos: si
fueras un color ¿cuál serias?, la mayoría dijeron colores simples y básicos
como verde, amarillo, morado, negro y cuando les pregunté ¿por qué eres ese
color? lo asociaron a su personalidad, a como ellos creen que se comportan,
pero siempre es distinto como nos vemos a como nos ven los demás, hubo uno que
me dijo “negro azulado metalizado”, y yo ¿WTF? le pregunté ¿por qué? y dijo que
es la evolución del azul eléctrico (imagínate esa mente que ya evoluciono un
color) que “filosóficamente hablando le gusta por la soledad y la tranquilidad”
que la combinación de esos colores le da. Yo por aquel entonces decía que era
un arcoíris, y sí, algunos coincidían conmigo, que siempre me han considerado
una persona alegre, llena de luz, llena de magia, concordábamos en que soy eso
bonito después de una fuerte lluvia, o eso que brilla después de un mal día.
Por estos días que no brillo
tanto, reflexiono y noto que todos hemos sido todos, como que quizás tenemos un
arcoíris por dentro y dependiendo del día vamos dando o reflejando el tono que
la vida necesite o amerite. Analizando un poco más, entre la gama infinita de
colores que existen y los que están por existir, se encuentra -lo opaco- que no
es precisamente un color, sino más bien eso que “impide el paso de la luz”, es
decir la ausencia de la esencia. Creo que a casi nadie le gusta lo opaco, si
está opaco se ve raro, si se ve raro es antiestético, si esta opaco no es
bonito, lo ignoramos, no lo miramos, nos apartamos, si esta opaco es
melancólico, medio triste, a nadie le gustan los medios, ni lo afligido, la
mayoría prefieren lo intenso, lo nuevo, lo brillante, lo lucido, a nadie le
gustan los corazones destrozados, ni las cicatrices mal curadas, la mayoría le
huye a lo ambiguo porque no es certero, no es confiable, no es estable, les
aterra lo que está enfermo, lo que ya se está muriendo, a nadie le gusta la
fragilidad, ni la vulnerabilidad, ni la debilidad de mostrarte sin filtros,
como la simpleza de reírse después de las lágrimas soltar.
Me pongo a pensar que a la gente
le vas a gustar cuando resplandeces, cuando “estas bien”, pero no cuando te
apagas. A una gente le van a gustar tus ojos, tus labios, tu risa, a otra gente
le gustaran tus tatuajes, tu cuerpo, tus besos, tu sexo, a una gente les gustan
tus abrazos, tus chistes, tu bulería y hasta tus gemidos; pero a la gente no le
preocupan tus miedos, ni tus llantos, ni tus dudas, a casi nadie le inquietan
tus insomnios, ni tus lamentos, mucho menos tu oscuridad, a la mayoría de la
gente no le interesa lo que escondes en tu mente, ni lo que te aturde en silencio,
ni lo que te duele y no te deja respirar, muy poca gente se interesa por lo que
guardas en tu corazón, algunos ni siquiera lograran descubrir como vibra tu
alma. Pocos te quieren cerca cuando no puedes aportar, pocos te ayudan a
sonreír cuando te ven desplomar.
Hola un gusto, últimamente soy
-lo opaco- y la verdad yo tampoco me gusto mucho. Soy como un momento friki donde el cuerpo pesa
tanto que no puedes lograr una sonrisa, pero tampoco salen lágrimas, si, no te
preocupes, yo tampoco me entiendo, ¿soy como un punto medio? sí, a lo mejor,
pero la verdad no lo sé, soy solo un poquito de claridad en la oscuridad y eso
tenebroso que a veces aparece en la serenidad, quizás soy la flexibilidad de la
vida, el “descanso” después de resistir fuertes situaciones, no soy lo
correcto, pero tampoco lo incorrecto, puede que sea un experimento carente de
hipótesis y bases para sustentarlo, solo suposiciones sin resultados, quizás habito
en un principio que nunca tendrá fin, o ¿soy el final del principio?, puedo ser
el abrazo después de llorar, o el perdón que no te atreves a dar, sí, también
soy el silencio que te obliga a gritar y asimismo puedo ser esa herida que no
quieres tocar, tal vez, un mañana que te va a acompañar, una noticia que no ves
llegar, o la esperanza que te exige soñar, esa fuerza que te saca del hoyo. No
te inquietes, solo estoy divagando en mi propio rollo.
Es verdad, a veces no sé qué soy
y a veces me gusta no saberlo. Es un hecho, nadie sabe cómo hacer feliz a
nadie, si cuesta descubrir cómo hacerse feliz a uno mismo. Es verdad, soy poco
transparente y otras veces parezco hasta invisible. Es un hecho, soy una
anfibología andante, una confusión absoluta. Es verdad, siempre duele que te
abandonen y duele más estar ahí y que no lo noten. Es un hecho, no puedo ser
muy clara, ni despejada, pero eso no me hace una persona mala, eso no me impide
sentir con el alma, porque te juro que yo rompería el cielo e iría buscarte y
abrazarte para que no llores solo (quien quiera que sea que este leyendo esto)
no te vuelvas como yo de hielo, es normal que te sientas indefenso y desierto,
no vivas como yo en - lo opaco -, ¿Y eso sería suficiente?
No lo se. Al final todos estamos
aquí por a la misma razón: amar y ser amado. ¿Poder amar es el sentido de la
vida? tampoco lo sé, a veces creo que si porque me ayuda a seguir, es como mi pequeña
utopia, pero el sentido de la vida es distinto para cada alma; recientemente descubrí
que el amor es la verdadera revolución, desde entonces me reinvente y me aferre
a la paz, porque sinceramente la tranquilidad me parece más sencilla de
adquirir que la felicidad, es mi tregua tanto mental como espiritual, como un
respiro, el respiro de un alma que lucha por ser real dentro de un universo que
siempre incita a la falsedad. No se niega que la publicidad de la felicidad es
bastante atractiva, no se niega que la felicidad siempre será bien recibida,
pero es una carrera muy agotadora perseguirla, igual no dejes que eso no sea
una excusa para vivir triste. Aquí aprendimos a romantizar la herida para no
morir desangrada.
Yo que siempre he sido floja,
hasta para lo que me importa. Ya tengo claro que: nunca sabre cómo ser “acertado”
en hacer feliz a alguien. ¿Intente? obvio que sí, todavía lo intento, y
seguiremos intentándolo; pero ahora sé que estar en paz es un tipo de felicidad
que mucha gente no va a entender, ni a sentir así… pero está bien para mí; a
veces pensaba que no alterar la calma de los demás algo aportaba, creyendo que
eso les agradaba (solo porque en realidad me agradaba a mí). Pero a las malas
entendí que no se construye paz evitando guerras, no se construye paz haciendo
silencio cuando todo por dentro se está cayendo, tampoco la consigues huyendo,
debes atravesar el proceso, porque tampoco se ama más quedándote a aguantar
faltas de respeto. Claro, la tranquilidad es bastante buena para esta alma pasajera
que a veces vive en pena, pero no lo es, no suple, no es suficiente para a los
que intentan alcanzar el éxtasis que da la felicidad.
Yo que ya navegué en corazones
infieles, y me hice la que no me duele. Yo que ya me enamoré de discursos
falsos, sin saber cómo sacarlos de mi mente, naufragué en mares tibios por
miedo a lo que no se ve. Yo que nunca sabia a donde iba, hasta que en sus ojos
me mire, no sabía dónde quería estar hasta que escuché su risa, yo que nunca
supe cuál era mi lugar en el planeta hasta que me abrigaron sus brazos, nunca
supe donde quería envejecer hasta que su corazón me acogió, nunca quise
proteger un vínculo hasta que vi a mi alma sonriendo con su alma y todo volvió
a empezar, me volví a dejar llevar por unos labios bonitos, por unas palabras
dulces, y desprotegí mi alma hasta quedarme sin armas, porque el amor real deja
de ser batalla. Continue así hasta perderme un poquito más en su calor, hasta entregarle
todo mi corazón sin cuestionarme ¿cómo iba a volver a vivir sin corazón?
¿quería volver a vivir sin corazón?, entregando mi confianza me dedique a
soñar, quitándome las capas me olvide de remar y volví a caer en lo tenebroso y
oscuro que se vuelve el mar si no tienes en quien confiar, me ahogue en un océano
de inseguridades en frente de alguien que pudo lanzarme un chaleco y no lo
hizo, pedí ayuda a quien no me quiso dar la mano, justo ahí deje de luchar y aprendí
a flotar, temblando de frio en mi propio mar me obligue a nadar y entendí que
alguien que reme es necesario, pero alguien que no nos hunda es suficiente.
Hoy en día, sé con certeza que no
hay forma de formatear un corazón, ni de evitarle un dolor. No hay forma de
hackear una mente y borrarle traumas que cualquier circunstancia puede activar
para notar que siguen presentes. No hay forma de hacer retorna una lagrima, no
hay forma de deshacer un mal comentario, ni reparar los gestos malos, porque
todo se te clava adentro y te marca, tanto lo bueno como lo malo, así que no
hay forma de sentirse feliz cuando el alma se siente en atrapada en desalientos.
No hay forma de dar luz, cuando te apagas sin que los demás se den cuenta,
exceptuando a las estrellas, porque si bien tampoco hay forma de alcanzarlas,
ni de tocarlas, mucho menos hay forma de apagarlas, ellas solas “estallan” después
de haber brillado bastante, ellas solas explotan después de haberse hecho
gigante, es decir que algunas veces “colapsando” es que nacerán nuevas
estrellas, y aunque naturalmente sea ella misma quien se autodestruye, nunca desaparecerá
del todo, porque su esencia seguirá revoloteando en el universo, en el infinito,
y en esos corazones donde todas esas nuevas luces nacerán y vivirán con un poco
de su brillo.
Entonces entiendo que eso somos, somos
estrellas que viven explotando y salpicando ilusiones o decepciones. Algunos se
quedarán con un poco de tu luz y otros se quedarán con un poco de tu oscuridad,
algunos se quedarán con un poco de tu risa, otros guardaran algunas de tus lágrimas,
algunos recordaran el apoyo que pudiste dar y otros te olvidaran para poder
avanzar. Y entre tanto caos y vacío, entre tanto universo y estrellas también aprenderemos
que todo es tan efímero, porque hasta el dolor que hoy nos aprieta el corazón,
un día desaparecerá. El problema nunca ha sido brillar, ni apagar, el problema
es que siempre queremos ocultar los grises y no aceptamos que no siempre se
puede estar a todo color. Seamos más sensibles con nosotros mismos, seamos como
el sol que aún de noche sigue ayudando, aunque no lo veas, dicen que se enamoró
de una tal luna sin importarle que nunca estarán cerca, así que no importa
cuantas nubes pasen, ni cuantas estrellas aparezcan, sin importar cuantos años
luz los separen, él todas las noches la espera y a lejos le alumbra para que
ella brille, aunque sabe que no podrá tenerla (en este punto del espacio, siempre
me creí una luna sin saber que también he sido sol).
Solo tengamos cuidado con los
daltónicos, son personas incapaces de apreciar tu luz real, se dejan guiar por
lo que sus ojos les permiten observar y darán juicios sobre ti como si fueran
dueños de la verdad, creen que saben cómo eres, creen que no hay nada más
allá de lo que su daltonismo les permite visualizar. No saben distinguir lo
opaco. Pero no los odies, la mayoría son inconscientes de que existen más
colores de los que ellos pueden mirar, pero eso sí, ayúdalos, y explícales, porque
la luz, aunque no la veas se tiene y se siente; ahora si su imaginación también
es estrecha, y sus sentimientos no concuerdan, es hora de dejarles ausencia. Aléjate
porque su falta de luz también debilita. Su falta de color también rompe.
A mi particularmente, me gusta la
nostalgia, esa que vive en las grietas de los corazones que han sido lastimados,
la misma que se enconde en las almas que han amado, esa nostalgia que hoy me
tiene aquí escribiendo para no seguir llorando; me gusta como sonríen los ojos
después que lloran, porque llorar también es una recuperación de esperanzas, me
gustan los labios que saben pedir perdón, y los abrazos que
reconstruyen desde el interior, me gustan los humanos sensibles, que no se
rinden sin importar cuanto los lastimen, me gustan los hombros que son apoyo aunque
no estén cerca, me gustan las manos que no se sueltan aunque no se vean, me
gustan los recuerdos que podemos mantener vivos aunque los lazos ya estén rotos
o muertos, me gustan los momentos de la vida donde aprendimos a ser nosotros.
Yo de poder ser un sol, solo me
gustaría ocultarme en su mar, yo que siempre he sido de ver las hojas caer más
que de verlas florecer, me encanta el otoño y sus colores opacos, pero eso no
me ha impedido disfrutar de la primavera, yo que muchas veces me he querido
quedar a vivir en un atardecer, siempre tuve dudas en si sería capaz de volver
a amar con el alma, sin medidas, sin barreras. Siempre tuve dudas en si alguien
me iba a amar tal cual como yo era, o como soy, son dudas que todavía no logro
resolver del todo, pero de la nada la vida te envía a alguien y se enamora de
esa parte tuya que otros nunca abrazaron, y entonces todo vuelve a comenzar
porque te devuelve las ganas de creer, de crecer, de soñar, por eso seguimos
intentándolo. No importa que tan profundas sean las heridas, siempre sanan.
Muchas veces no tengo a quien
contarle mis tormentos, por eso me encuentro aquí, escribiéndolos, si no los
escribo voy al gym y lo entreno, todo se entiende mejor después de llorarlo,
todo se vuelve menos complicado después de expresarlo, todo duele menos después
de sudarlo, para eso uso la escritura, para desamarrar los nudos que hace la
incertidumbre, porque estar triste a veces da miedo, pero ella también requiere
presencia, a la tristeza también hay que acurrucarla y abrazarla, darle su
lugar y que atenderla; hace poco descubrí que no hay mayor acto de confianza
que dos desconocidos conectando a través de la revelación de sus dolores, y me
pregunté ¿por qué crecer hace que dejemos de confiar? o ¿por qué crecer hace
que dejemos de divertirnos? ¿Por qué al crecer cuesta más hacer nuevos amigos?;
los adultos somos niños sin raspones en las rodillas y parches en el alma, solo
recuerda que después que te rompes hay una mejor versión de ti esperándote al
otro lado de las grietas, y negar las grietas es negarte a florecer a través de
ellas, nunca olvides que cualquier idioma un abrazo significa lo mismo:
"estar a salvo".
Al final de la noche solo eres tú y tu corazón roto, haciendo los pases con los demonios. He visto como los que dijeron que iban a estar siempre se alejaron sin ningún aviso, y he comprendido que todos somos una chispa de tiempo en la vida, una chispa que todo lo prende, una chispa que a veces no enciende, e incluso una chispa que aun encendida ya no calienta... quizás esa herida si se podía evitar, pero no ibas a evolucionar. Usa el amor como medicina para todo, porque no hay nada más autodestructivo que no saber recibir amor, así que seamos fuego para calentar las almas que ya quemo el hielo, recuerda que no somos las heridas que llevamos, solo somos corazones lastimados buscando ternura en un mundo áspero, en cada herida hay una historia que no es negra ni es blanca, en cada cicatriz hay una historia que no es completamente triste ni completamente feliz... a eso le llamo gris. ¿Y tú qué guardas bajo la cicatriz? ¿dolor o valentía?, valientes los que no necesitan un último intento… y valientes los que siguen aferrados a otro intento.


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