Te olvide.
En medio del vendaval de desilusiones que enfrente
con tu ausencia lo que más me consto conseguir fue la paciencia, la
tranquilidad de mi mente que se hallaba en resistencia, mi corazón no podía con
tanta intransigencia, lo intentaba pero no lo conseguía, era inútil, me perdía,
con tantos demonios que al océano del dolor me hundían, intentaban jalarme y me
sumergían en el agua fría, trague agua, mucha agua amarga.
Aunque logre salir ilesa.
Unas cuantas noches deshoje girasoles preguntándoles
si volvías?, la respuesta que siempre obtenía era la misma: “NO REGRESARÍAS”, yo
nunca me la creía, no comprendía lo que sucedía. Costaba entender que después
de tanto amor celestial, el olvido deba aparecer y estropear aquel querer.
Ya nada es como ayer.
Viajaba a ti a través de los sueños, pero
lentamente te me fuiste estriñendo entre ellos. Varias noches en pro de hacer
algo diferente, salía para intentar perderme entre la gente, me tome muchos
tragos fuertes pretendiendo inútilmente borrarte de mi mente, estabas dentro de
mi ser, tatuado en mi memoria, en nuestro aniversario escuchaba tus promesas
viejas dentro de mi cabeza, me aturdían y en medio de varias borracheras
mencione tu nombre con certeza.
Vomite y me descontamine, saque lo podrido de mi ser.
No aproveche la primavera negándome a esta despedida,
deseando que fuera pasajera, atorada en la cuerda floja del desengaño
llorándote a solas en el baño, el almanaque arrastro mis penas y no aguanto
tantas noches en vela, las estaciones me pasaron por encima como la olas cuando
arrojan piedras a la orilla, llego el invierno y noto que estaba hirviendo
cuando vio lo frio que vivía mi corazón desde hace un tiempo, algunos días me
ahogue en el llanto de la desolación sin unos brazos que me brindaran
protección.
Pero me abrace yo misma.
Recuerdo cuando repetíamos: “vamos a querernos toda
la vida”, lo hacíamos entre risas. Pues ahora no da tanta risa, pero no saben
cómo esa tontería me dolía, no entendía como soltamos tantas palabras que nunca
se cumplirían. Así viví varios días, aferrada a unas palabras maltrechas
mientras te perseguía por un mundo de mentiras, como un fantasma que ya no
tiene vida, divagaba en tus alrededores sin darme cuenta que más daño me hacía.
Yo misma mantenía abierta la herida, alegando que era más cómodo verte de lejos
que no verte.
Ahora sé que tener ojos no significa ver.
Teníamos un futuro incierto, tratar de acostumbrarme
a una vida sin tu compañía se volvió una agonía, en ese último vuelo todos se
fueron, despegue lento, aunque lo hice con miedo, mi poca fe tuvo efecto, el
motor del avión presento fallas, de pronto yo me quede sin chaleco, se sentía
igual que estar sin tus besos, el primero en abandonar la nave fue el piloto, y
yo, yo caí en picada sin paracaídas que me salvara, no hubo nada que
amortiguara aquel derrumbamiento, choque con la realidad de los momentos.
Fui valiente, ahora tengo los pies en la tierra nuevamente.
Te buscaba en algunas caras cuando el tren abordaba,
el ayer me preparo una emboscada y me resbale cuando escuche a Ricardo Arjona
contando canciones de mi paradoja, fue todo tan rudo y confuso que yo misma agarre
la aguja y el hilo, sin saber nada de costura cocí mis propias heridas, poco a
poco, mis cicatrices fui cerrando, esquivaba la mayoría de las esquinas porque
faltaban muchos pedazos, unos pocos trozos no encajaban, pero igual los junte,
los coci, cerré las grietas pensando que dejaría de doler, pensando que era
hora de hacerme bien.
Volvieron mis latidos y el corazón volvió a reír.
Hoy por hoy mi corazón esta reconstruido con
pedazos del pasado, latiendo en tiempo presente sin intentar volver a tenerte,
hoy por hoy mi corazón dejo de creer en muchísima gente, ahora es raro y
diferente, dejo de ser elocuente, ahora anda por ahí contando algunas historias
y cuando le preguntan por ti, créeme, él solo se limita a sonreír.
Vivo y te dejo vivir.
Tantas noches sin sueño le rece a Dios, pidiendo
perdón o salvación, quizás un poco de valor; rogaba porque alguien callara
aquel silencio que me aplastaba en secreto, pedía calma y a la luna que por
favor nunca se alejara, suplicaba al mismísimo “cupido”: que así como un día vino
a flecharme, apareciera y sacara aquella puta flecha de adentro de mi pecho,
porque era mucho dolor, un dolor insoportable para mi alma ingenua.
Dicha flecha se congelo.
Me repetía todos los días: “Ya no te espero, ya no
te quiero, ya no te espero”, me lo repetía, una y otra vez, en la mañana, en la
tarde y en la noche, como si hiciera una caligrafía mental, como si fuera mi
nuevo mandamiento, como si fuera mi nueva canción favorita, como si fuera mi
nueva ley de vida, intentando con toda mi alma que más que en mi mente
ocurriera en la realidad. Y ocurrió.
Experimente el porqué de la frase “la palabra tiene
poder”.
Una tarde después de ocultarse el sol te pensé,
pero no te extrañe, te recordé pero no me dolió, sentí tu ausencia pero sin
dependencia, y entonces lo entendí, sonreí porque me di cuenta que ya no te
necesitaba para vivir. Eres parte de la historia. Un recuerdo eterno en el
ayer. Pero… Ya no siento el frio dentro de mi ser cuando alguien pronuncia tu
nombre sin querer.
Fue difícil, pero tengo algo que contarte: Me
recupere… aprendí a ganar en medio de la guerra fría.
Me costó tanto escalar aquella montaña hacia el
olvido, pero cariño, ya voy en bajada, y como bajar siempre cuesta menos que
subir, voy disfrutando del camino, apreciando cada árbol que me regala su
oxígeno, brincando sobre los charcos de lágrimas que quedaron tras tu olvido,
embarrándome los zapatos de barro pero manteniendo el corazón limpio y a salvo,
así ando, saboreando el agridulce que queda en la boca después de tragar
amargo, sin remordimientos, pensando en aquel baile que nunca tuvo canción.
Fue una carrera sin fe de cruzar la meta.
Estos labios que a tus labios añoraron ya con otros
se juntaron. Estos ojitos chinitos un día se alegraron cuando al despertar no
te miraron. Este corazón reparado y desconfiado aprendió que no somos el complemento
del otro, no somos la otra mitad de nadie, no somos fuego que encienden y
apagan cuando quieren.
Somos seres atravesando experiencias, intentando
hacer algo con esta existencia.
No puedo dejar de agradecerte, si, a ti, ¡Gracias!.
Gracias por esta travesía hacia el olvido, al fin hallé el valor que tiene
poder ser uno mismo, porque: “somos lo que queremos ser”, ya no quiero cambiar por
y para nadie, ahora cambie por y para mí, este corazón ya no palpita por ti,
solo palpita para mí.
Ahora vivo por y para mí.
Y si, no hace falta negarlo, aun guardo algunos recuerdos pero...“Ya no te
quiero, ya no te espero, ya no te quiero”.
No hizo falta “un clavo saca a otro
clavo”,
preferí clavar mi alma en calma.
-.Aksu-.



uf! siii.. esa es la expresiòn para escritos tan hermosos.. palabras que llegan al alma, te carcomen y te llenan de fe para creer, creer en que se puede!
ResponderBorrarGracias mujer... :) "prohibido dejar de escribir".
Borrar