Noches sin fin.

Siempre es en las noches donde nos pegan los pesares,
se agigantan los temores,
y te achicopalan algunos sentimientos,
de repente llueve aunque no caigan gotas del cielo,
el frio golpea fuerte a pesar de usar suéter,
y te ahogas con la lluvia de preguntas sin respuestas que inundan tu cerebro.

Siempre es en las noches donde analizas que quieres corregir,
que quieres conseguir o que quieres disfrutar,
hablas con la oscuridad sobre la susceptibilidad,
del peso que debe tener la honestidad
y de la falta de respeto que atraviesa la sociedad,
si tienes suerte
algunas veces la soledad contesta
y  otras simplemente no obtienes una respuesta.

Siempre es en las noches donde te ataca tu propia sombra,
como un fantasma que deambula,
te asusta,
comienza a cuestionarte,
y te golpea con la verdad en la cara,
te dice que no estás haciendo las cosas bien,
pero, donde está el manual?
Dónde?
No se supone que deberían entregártelo al nacer,
para que puedas “hacer las cosas bien”?

Siempre es en las noches que te das cuenta de lo cansado que estás,
bien sea por trabajo, por estudios
o porque no encajas en ningún lugar,
de pronto tus ojos se quedan sin horizontes,
y tus piernas de pronto dejaron de ser fuertes,
traquetean,
como si no tuvieran una gota de fuerza.

Siempre es en las noches que necesitas con urgencia
una rehidratación,
una gota de motivación,
una palabra
que te reponga la concentración,
o un simple abrazo
que te devuelva la convicción.

Siempre es en las noches donde tropiezas con tu otro yo,
reclamándote misterios del pasado,
recalcando errores no superados,
gritándote en el rostro todas tus imperfecciones,
pero quien pude dar un concepto claro de perfección?
cuando actualmente navegamos
en mentes débiles
que nos obligan a ser insurgentes,
no me hablen de perfección
cuando ni si quiera pueden aceptar
lo que es ser diferente.


Siempre es en las noches donde queremos escapar,
huir, volar,
bien sea de la verdad,
de la realidad,
del dolor,
o de la ausencia,
ese momento donde queremos levitar
para volver a empezar,
pero una chica no puede
dispersarse de su destino,
y aunque pueda,
en cualquier momento caería
de forma lenta
recibiendo un impacto más grotesco.

Siempre es en las noches donde chocamos
con la existencia,
sentimos que nos cerraron
todas las puertas del mundo,
la claustrofobia asfixia,
y bien sea por obligación
o por sobrevivir,
debes abrir alguna de las puertas
y seguir.
o simplemente dejarte ir.

Siempre es en las noches que logramos entender
que la vida no es tan fácil
como jugar al sudoku,
que no tenemos filas
y columnas con nueve números sin repetirlos,
que de vez en cuando
queremos dividirnos,
y repetir una y otra vez:
errores, amores, dolores;
porque la vida nunca ha sido
un cuadrado perfecto.

Siempre es en las noches sin sueño
donde tenemos la chispa
y el entusiasmo
en el lugar equivocado,
nos sacude el terremoto de los momentos
recordándonos
que algunos
se vuelven eternos,
y otros
no volveremos a tenerlos,
porque nos derrumbaron frente a ellos.


Siempre es en las noches donde dejamos
que nos aplaste la ola gigante,
la melancolía se vuelve palpable,
Y nos sentimos atrapados en un frasco con tapa,
de esos francos que tienen barcos dentro,
que navegan sin destino,
sin entender como seguimos flotando,
 aun estando atrapados?

Siempre es en las noches donde observamos
que el mundo está invertido,
el reloj gira sin sentido,
hacen falta los amigos
y las flores en el camino.

Siempre es en las noches donde pensamos
en tantas copas que dejamos caer sin querer,
en tanta agua mojando el suelo frio
y en tantos sentimientos escurridos
que no tuvieron un nuevo ciclo.

Siempre es en las noches donde queremos
ser incomparables,
que no existan voces
gritando que debes hacer,
decir o sentir,
que alguien apagara
todo lo “controlable”.

Siempre es en las noches donde quieres
encontrar la salida del laberinto,
o encontrar aquellas piezas
que faltan del rompecabezas,
donde te quedaste a vivir
por culpa de algunos vicios.

Esta es una de esas noches
que no tienen fin,
donde deseo haberme quedado a vivir
allá,
entre sus labios,
calmando el frío con sus brazos,
donde quisiera ser otra
que pudiera aceptar
todo lo que él ofrece,
y viceversa,
que tuviéramos
el suficiente amor
para aventarnos,
arriesgarnos,
para intentarlo
o destruirnos,
y explotar en el infinito.

Siempre es en las noches sin fin
donde vemos ocupados
aquellos columpios
que antes estaban vacíos,
dejo de parecer tan divertido
empujar al otro para que grite,
porque  ahora queremos
que sea nuestra voz
la que se escuche,
y quedarnos a vivir
ahí,
en la parte de arriba del columpio.
Hasta que llegue alguien y nos empuje!

.-Aksu.

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