¡No te niegues al perdón!
Perdón, eso que todos pedimos y no damos, eso que todos
anhelamos pero algunas veces ni si quiera lo necesitamos. Eso que cuesta
alcanzar, eso que ayuda a sanar…
Se llega a una edad donde se desconectan algunos
sentimientos, perdonar no es olvidar, es más bien soltar ese peso innecesario
que se lleva encima de los hombros, ese peso que te va debilitando los huesos.
Perdonar es abandonar aquello que no te permite seguir
avanzando, eso que te va hundiendo en un pozo de temores y miedos mentales que
no te permiten evidenciar lo bueno detrás de cada trancazo.
Perdonar no es volver a confiar, es entender que crear
rencores no disminuye el dolor de la traición, planificar venganza no sanara tu
alma, desear lo malo que a ti te ocurrió a otros, no borrara las huellas del dolor.
Perdonar es entender que no fallaste ni te fallaron que todo
es parte del aprendizaje, parte del camino, parte del ciclo, porque la gente no
te hace daño pensando en si te lo merecías o no, ellos simplemente actúan, son
experiencias de vida que debemos aceptar.
Cuando perdonamos a otros, en realidad, nos perdonamos a
nosotros, porque aun con el alma vuelta trizas vamos por la vida simulando
estar vivos, equivocándonos entregándoles dolores a otros seres que no les
pertenecen.
Perdonar es avanzar, es librar tu alma de una batalla
innecesaria con tu autoestima, es librar tu corazón de aquel sentimiento tan
dañino llamado rencor.
Perdonar es saber que vas a permitir que ocurra de ahora en
adelante en tu vida, perdonar no es ser débil, perdonar es para los fuertes.
Perdonar es mantener tu integridad, y permitirte volver
amar. No pierdas tiempo guardando resentimiento, no pierdas tiempo analizando lo
malo.
Perdonar no es dejar que sigan abusando de tu buena fe, perdonar
es seguir siendo bueno a pesar de todo lo infernal que nos ocurra.
Porque son los fracasos quienes van forjando el camino a la
maduración del espíritu, son los desengaños que nos van mostrando como hacer el
bien, es en medio de las ruinas donde descubrimos el éxito.
Resulta fácil pedir perdón y arrepentirse, pero que es en
realidad lo que sientes de corazón?
Anda… Siéntelo. Perdona!
Aparta la frustración, la indiferencia, las alteraciones. Empaca, llora y sácalo del pecho, deja de ser un prisionero.
Perdonar es tranquilidad, estar en paz contigo mismo más que con los demás.
Perdonar es liberar tu mente, liberar tu alma y liberar tus
sentimientos de las cadenas invisibles de la desesperación.
Aprendamos a pedir disculpas,
sin importar si tenemos o no la culpa.
-.Aksu.



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