No es traición, si no le entregue amor.

Alejarnos fue decisión mía, aprender a sobrellevarlo fue una decisión de la vida. Vivir con ello fue decisión del tiempo. Llevo meses indecisa en si debo dejar a un lado ese luto entero o quitarme el disfraz de viuda, porque en realidad tú no has muerto y mi amor por ti mucho menos.

Solo estas en otros brazos, recibiendo besos de unos labios diferentes a los míos, dándole amor a un cuerpo distinto al mío, acobijando un nuevo sentimiento disparejo y mira que eso no es pecado, pero ahora mismo, no me parece divertido.

Pecado es que yo siga guardando un duelo sin sentido, pecado es que esté perdiendo aventuras esperando “el momento perfecto” y para que mentir “esperando tu regreso”; pecado es arrepentirme de alejarte cuando nunca me valoraste, pecado es ponerme débil a estas alturas cuando estoy llena de fisuras, pecado seguir deseando un acercamiento cuando ya no somos ni amigos.

Mis amigos dicen que es hora de abrir las puertas, que llevo demasiado tiempo encerrando un sentimiento que cualquier otro ser está necesitando, sobretodo repiten que cualquiera sabrá valorarlo más que tú. Y por primera vez lo he comprendido, “ya no me importa lo que digan”, ya sabes, los amigos lo ven todo por encima, ninguno sabe que sientes dentro del pecho.

Ese aire que te falta y al mismo tiempo te sobra, esa tranca en el pecho que no permite el latir de tu corazón, ese remolino de emociones dañándote los momentos, un huracán de pensamientos atormentando tu cerebro, preguntas que te ahogan sin coherentes respuestas, y yo sigo aquí, intentando ser poeta.

Ayer decidí poner un Stop a todo eso, salí de la celda cariño. He emergido y conocí a alguien, decirte que me gusta es mentirme más a mí que a ti, pero me cae bien, y no es autoritario, para todo me pide opinión, es col, detesta leer igual que tú, pero sabe callar cuando no tiene razón.

Hemos salido en un par de ocasiones, así que no conozco ni un 15% de él. La últimas vez fuimos a bailar y baila mejor que tú, ese es un punto para él, pero te sigo queriendo a ti. Siempre me cuenta su montón de problemas, pero le dije que esa vez no quería escucharlo, solo quería elevarme, y escapar.
Supo comprenderlo y guardo silencio. Ese día fue el quien me escucho, pregunto el motivo de mi escape, yo solo dije que la realidad estaba cruel e insoportable y que lo deseaba, no importaba lo demás, solo importaba huir, escapar, volar.

Bailamos y bebimos hasta cansarnos, y para completar saco algo de eso que él llama tabaco de la felicidad, y me ofreció. Yo lo acepte, primero porque hacía mucho que no inventaba algo nuevo, y segundo porque necesitaba fugarme de ti, de tu voz en mi mente, de los recuerdos al sonar cada canción.

Nunca me había sentido tan insubordinada y tranquila al mismo tiempo, sin responsabilidad, sin compromiso, sin complicaciones, no hay palabras que especifiquen lo que sentí aquella noche. No había nada que hacer, simplemente dejarse enloquecer. Es verdad eso de que cada quien vive su viaje, cada quien vuela como pueda.

Hicimos el amor, Eh!, Perdón!. Tuvimos sexo sin control, recorrió mi cuerpo con una sorprendente pasión, besos intensos, caricias suaves, nuestros cuerpos se entendían y seguían el ritmo, no pudimos evitarnos, nos juntamos, sudor, locura, risa, todo lo que necesitas para escapar. Pero faltaba algo, el cosquilleo en el estómago, las mariposas revoloteando, el roce que te eriza la piel, faltaron caricias en el alma más que en la propia piel.

Al acabar beso mi oreja y dijo “quiero que te quedes”, a esta hora no tengo a donde ir le conteste, dijo “no solo por esta noche, quiero que te quedes en mi vida, o cerca de mí, un rato, si es largo o corto lo vamos decidiendo poco a poco”, lo bese y le dije que necesitaba dormir un poco.

Le di la espalada y una vez más apareciste, recordé lo mucho que eso te molestaba, él beso mi cabello y me susurro “dulces sueños”. Y yo, divague pensando en el sabor de los sueños… desee que si alguien tenía la oportunidad de probar los míos, le supieran a chocolate.

 Ahí estuve, con un corazón acelerado, un cuerpo lleno de orgasmos y semi-contenta por aquella dosis de placer que necesitaba mi piel, pero herida. Herida en una cama que no era la mía, escuchando unos ronquidos que no eran tuyos, arropada pero fría, al lado de un cuerpo que no apaciguaba mi frío, si, estaba junto a él, pero sintiéndome muy sola, pasaba el tiempo, delibere, quise evaporarme, te pensé…

Al principio me sentí mal porque se sentía bien estar abrazada por unos brazos que me brindaban seguridad, sentía su respiración calmada, y entre dientes maldije porque una vez más tu recuerdo me estaba dañando el momento, hacia tanto que no me sentía así… En otro lugar pero segura. Y antes de que me sorprendiera el alba, me di cuenta que “no cuenta como traición, si nunca le entregue amor”.
(Tu amor).

Entre él y yo no había confianza, no había compromiso, no había mañana, y no hacía falta, podía levantarme en cualquier momento e irme tanto de aquella cama como de su vida, sin dejarle oportunidad de arreglarme. Ni de encariñarse, ni de curarme, ni de soñar, ni hacer planes futuros conmigo.
(Pero no se puede ser tan egoísta en la vida).

En cambio, decidí aprovechar el tiempo. Cerré los ojos y me dormí. 
Al despertar, dijo “no quiero que sientas presión” y me abrazo.
Yo cedí, me disolví entre sus brazos.
Imagen relacionada
Que corta es a veces la eternidad.
-.Aksu.

Comentarios

Entradas populares