Somos el apocalipsis.
Algunas veces solo quiero que termines de alejarte, de marcharte, de esfumarte... y otras quiero que te quedes y hagas eterno el instante. Muchas veces quiero inyectarme veneno y asesinar todos mis malditos sentimientos desde adentro, y otras, otras veces quiero un antídoto que me ayude a seguir aguantando todo esto.
La mayoría de las veces no quiero necesitarte más, desatarme y volar a un nuevo lugar... y otras veces quiero que seas tú quien me necesite, que te ates a mí y no vueles jamás sin mí. Es que soy adicta a tu adrenalina impura, no me puedo mentir, me armas y me desarmas con la rapidez de un relámpago, me descargas y sobrecargas sin siquiera notarlo.
Algunas veces quiero despertar y no recordarte, no pensarte y de una vez por todas olvidarte, otras veces quiero que me propongas atravesar una vez más nuestro desastre, sin escuchar los gritos de la consciencia repitiendo su insufrible “te lo dije” y aferrándonos al “inténtalo” (con miedo) que nos susurra el corazón.
Varias veces me siento cansada o asfixiada, creo que ya no quiero que vengas de vez en cuando y nos sobemos el alma… otras veces siento que tú eres mi paz y mi calma, pero dura muy poco, me das ganas y desganas, pero entonces entiendo porque las rosas aman tanto sus propias espinas, y me doy cuenta del porque aún sigue sangrando mi estúpida herida.
Nosotros somos la excepción del mundo entero, apostamos a quedarnos ciegos sin probabilidades de que alguno ganara el juego o saliera ileso de ello, vivimos un cuento de hadas creyendo que podemos pasarnos la vida entera contando estrellas, pero una noche gris, la tempestad nos nublo el cielo y cuando las estrellas desaparecieron, deliramos, deseando vivir dentro de los amaneceres, sin darnos cuenta que la realidad es otra cosa y la verdad es que debilita nadar contracorriente.
Este amor es una cruel tormenta, es como regar las plantas con licor, casi como si intentaras calmar tu sed con gasolina, pero somos lo que queremos ser, amamos lo que queremos amar, (o veces no queremos pero igual lo amamos) tanto así que construimos nuestros sueños dentro de una botella sin darnos cuenta que el vidrio es frágil, y cuando aquella botella se partió, sus restos propagaron un fuego imparable que quemo todas nuestras ilusiones, sin salvación, sin reparación.
Intentamos amar nuestras quemaduras de 3er grado, intentamos deslumbrarnos mil veces el alma, nos quedamos a vivir en nuestra canción favorita ignorando que las canciones pasan de moda, de modo que, cuando pasaron los años se perdieron nuestras sinfonías, perdimos la sintonía, las miradas se volvieron vacías, las promesas pasaron a ser cenizas, el miedo es lo único que nos abriga y la nostalgia se instaló hacernos compañía.
En nombre del amor nos ahogamos en blasfemias y cuando la marea creció nos vimos agarrando al sexo como salvavidas para intentar flotar una vez más, para seguir navegando la vida y evitar que aquella balsa que llamamos amor se hundiera por completo. Creyendo en el “follar para no fallar”, ja! qué cosa tan tonta esa.
Algunas veces quiero dejarnos ser libres y otras volver a ser secreto. Porque veo que es hora de permitirnos soltar e indagar en otra piel, en otra alma, en otro cuerpo, pero entonces pruebo otros labios que no tienen el agridulce de tus besos, y vuelvo al círculo vicioso donde me encadenas de nuevo, creyendo que nunca más vas a desajustarme, vuelvo y te abrazo.
Muchas veces aspiro ser tu remedio y curarte o sanarnos a ambos, desintoxicarnos, inyectarnos algo contra el dolor o el rencor, pero otras veces pruebo con sentarme a llorar para ver si “esto” se me pasa, sin luchar, no batallar más, para que termine de matarme está maldita y enfermiza forma de amar.
Incontables veces he deseado ser tu pensamiento o aparecer nuevamente entre tus sueños. Pero no pasa, porque llego como un terremoto desestabilizándolo todo y queriéndolo o no, lo derrumbo todo, e irónicamente después de desmoronarme te conviertes en el rayo de luz que aparece bajo los escombros y pasas de ser desastre a ser el milagro que me mantiene con vida.
Incalculables son las veces en que me das la fuerza que mi vida necesita para soportar todas las tempestades… y lo reconozco, aunque a veces me transformo en el huracán que nos arrastra al pasado sin una salida para poder escapar, “ya no lo soporto más”, digo todas las noches antes de amar esta puta catástrofe que amenaza con desmembrarnos el alma.
Nos enamoramos de las migas, inconscientes de que en el amor nada sobra, nada falta, nada estorba… Ardemos en amor, tanto que no supimos que hacer cuando estallamos aquel volcán de desilusión, chamuscamos la pasión y cuando nos percatamos de que la vida duele, nos desequilibramos, enloquecimos de temor, se desnivelo la balanza si hallar un término medio para remediar.
Unas veces quiero enseñarte de nuevo a reír y salvarte de mí, porque soy consciente de que tú no eres el único que hace mal aquí, aprendiste a ser un ángel para mí, pero tarde amor, muy tarde, porque yo no pude mantenerme buena, no pude resistir, no supe darte más, yo me convertí en un extraviado demonio, con la única ilusión de no dejar de amar este infierno.
Cariño, descubrí que somos destrucción, y que ya no sabemos cómo sobrevivir a eso, somos el final que nunca acaba, es inexplicable, hasta triste, porque juntos agobiamos al corazón y separados arruinamos nuestros anhelos, la ciencia no podrá explicar jamás como se experimenta amar las ruinas de un amor enfermo.
Amor somos un maldito apocalipsis, somos el fin, la devastación, la explosión, somos fuego que todo lo quema, somos agua que todo lo hunde, somos cielo e infierno, somos un derrumbe emocional que nunca aprendió a perdonar.
Quisiera escribirte un “ojala y volviéramos al pasado, para poder hacerlo bien”, pero que va, la verdad es que no, no quiero hacerlo diferente, no me arrepiento de los raspones, ni de los besos, ni de las cicatrices, ni de lo vivido, ni de los agotamientos mentales, no me arrepiento de lo nuestro, al contrario, cada día amo más mi pasado, solo porque tú sigues viviendo ahí.
Juramos querernos hasta la muerte y nos convertimos en una desagradable mala suerte. Aprendimos que el amor no es que las cosas salgan siempre bien, sino mantenerse, permanecer, y aquí estamos, aprendimos a reír con tristeza y a echarle azúcar al amargo dolor, porque los demás siempre van a señalar lo que les han enseñado que está mal, pero déjalos, no saben que no hay una forma correcta de estar enamorado.
Somos el problema y al mismo tiempo somos la bendita solución. Que sepas que te llevo en medio de mi alma y la piel. Justo ahí, donde dueles. (Siempre y cuando los demonios sigan teniendo espíritu en su ser).
Porque sacando cuentas el amor no es perfecto, y si te descuidas se lo consume el tiempo.
Pero… Que escondes dentro de tu alma que me hace alucinar?
Aksu



Comentarios
Publicar un comentario