Me niego.


No quiero tener miedo a vivir mil aventuras, ni andar por la vida indiferente a los sufrimientos ajenos, me duele seguir notando como se sacan los ojos con la estupidez esa del “ojo por ojo” porque andan pagándose con la misma moneda de “traición se paga con traición”.

No quiero que los sueños se quemen en esta realidad tan cruda. Detesto que la gente buena siga perdiendo el rumbo, y aunque me interesa, no pienso esperar por los demás para vivir, sentir, disfrutar o reír. Me aterra llegar a los 50 años y contarles a mis nietos que tienen un país hundido en la ignorancia porque nadie quiso hacer nada.

No quiero seguir viendo emigrar a mi gente porque este país no da para más, cada día da para menos, porque esta libertad que nos pintan nunca será real mientras nos sigan limitando a soñar. No quiero que entre nosotros existan fronteras, aceptémonos como hermanos dentro y fuera de Venezuela y amemos completamente al planeta tierra, pero sobre todo amemos a ese 5% de tierra que representa Venezuela.

No quiero que me digan cómo ser, ni mantenerme al margen de nada, quiero ver mi rostro en el espejo y reconocer los cambios a través de los años, alcanzar mis propios objetivos y no vivir bajo el conformismo de otros. Me cuesta entender que para vivir bien en mi país hay que ser un mediocre o un corrupto de mierda. Todas las noches me pregunto, donde se escondió la verdad?

Quiero seguir viendo el sol nacer algunas mañanas, y aspirar a un buen futuro como cualquier ser humano. Ya basta de promesas en vano, no quiero blancas mentiras, ni que me sigan inventando verdades de comiquitas. Deseo que llegue alguien y nos sorprenda, que cumpla sin prometer, que nos regale un puñado de calma, porque no podemos seguir con ese tornado de preguntas en la garganta, a donde demonios se fue la esperanza?

No quiero que nos controlen, ni quiero remediarlo cuando sea demasiado tarde, porque estoy segura de que veré rodar lágrimas en mi cara cuando tenga que decirle a mi hijo que en este país no sirve de nada estudiar ni tener un título. Me niego ser un fantoche más de esté gobierno.

Quiero que el cielo deje de ser negro y vuelva a ser azul para cada venezolano dentro y fuera del país, no quiero ser una egoísta solo porque el sueldo no alcanza para compartir, ni mucho menos sentarme a ver como la juventud se nos va tras la ambición de otros. No quiero tener miedo de decir las cosas como son, ni tener frenos a la hora gritar lo que está mal.

No quiero seguir muriendo en socialismo, ni presenciar más muertes por desnutrición. Deseo dejar de llorar algunas noches por no poder soñar con algo mejor, pero la incertidumbre me arropa y no me deja mirar si mañana el sol me brille otra vez. Detesto esta esclavitud disfrazada.

No quiero ser como nadie, todo lo contrario, busco caer y levantarme, hacerme fuerte y refugiarme, enloquecer, tropezar, no quiero ser como los demás, voy aprendiendo a ser yo, sin necesidad de imitar, amando mí peor versión mientras descubro la mejor.

Quiero dar mil pasos hacia adelante y si tengo que echar para atrás, pues aceptarlo, a las malas aprendí que si puedo dar a torcer mi brazo estaría dando el primer paso para el cambio que tanto vivo anhelando. La mayoría de las noches me acuesto rezando porque los días más felices aún no han llegado.

No quiero ser parte de un pueblo que sigue apoyando a los ineptos. Me siento frustrada por me niego aceptar la mierda en la que vivimos pero no sé qué diablos hacer para cambiarlo, solo puedo prometerles que no bajare la guardia y que seguiré con la cabeza alta, tratando se ser mejor con la moral intacta. Me niego rotundamente a ser un títere más de su estúpida revolución que no da solución.

Me encanta pedirle al tiempo lo imposible y creo en la justicia divina. Saldré siempre de la rutina, porque es fuera de tu zona de confort donde esconden la mayores sonrisas, aunque envejezca mi alma es la que maneja mi vida, y antes de darme por vencida miro pa’ arriba y agradezco que sigo con vida.

Perdóneme si me quejo mucho, pero en noches como esta me encuentro pérdida buscando un poco de valor. Nadie dijo que vivir era fácil, quiero ser inmune e indiferente a estos bajones, pero ya ven, por más cactus, por más lunática, por más fuerte, por más marciana que parezca sigo siendo una humana más…

Una de esas que resiste tanto que un día se cae y se desploma… y no hay quien la aguante. Pero no te asustes, no estoy desistiendo, esto es solo una forma de sacar de adentro lo podrido, porque niego rotundamente a hundirme y dejar que sea la marea roja quien me conduzca la vida.

Con el tiempo nos damos cuenta que somos como los globos, que mientras más peso nos ponen para jalarnos hacia abajo, más alto queremos llegar, pero debemos tener el verdadero cuidado para no dejar que cualquier aguja nos desinfle…


El derrumbamiento interno siempre nos afecta más,
pero que no te impida elevarte.
-. Aksu.

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