Una fantasía con sabor a realidad.

He escuchado historias de las estrellas y dicen que desde hace mucho tiempo se descubrió que los pesares son pasajeros, que el ser humano era un espécimen aventurero, que hoy en día eso que llaman “civilización” los absorbió y les robo la nobleza, ahora el humano es pionero en egoísmo, la humanidad quedo disuelta cuando cada quien decidió cuidar sus intereses y ya nadie quiere hacer el bien, ni proteger sin algo a cambio obtener. Consejo de las estrellas: “no dejes de ser tú, se bueno”.

La arena cuenta que muchos son los bohemios que han transitado por ella, pero solo unos pocos le han dejado huellas, dice que el tiempo siempre las borra porque la mayoría eran huellas sin esencia, que nada es para siempre, porque hay seres que solo pisan sin apreciar el camino, sin disfrutar los paisajes, sin desafiar al destino. Consejo de la arena: “aventúrate a vivir, no se trata de pisar fuerte sino de dejar huellas aunque nadie las vea”.

Una noche incluso la luna se atrevió a confesar que aunque el sol la traiciono, ella no le guarda rencor, que aun estando lejos es el único que aún le puede brindar calor, dijo un poco lánguida que: “nunca se deja de amar, pero no porque ames debes aguantar los temores de seres desleales”, también dijo que no hay que desear el mal, nunca, jamás, pero que se llega a una etapa donde sabes que mereces y te toca marcar suficientemente las distancias. Consejo de la luna: “por encima de todo, debes amarte a ti primero”.

He escuchado historias buenas, pero ninguna tan emocionante como la mía.

Soy un cactus. Supuestamente fuerte y resistente a cualquier condición emocional, digo ser invulnerable a cualquier dolor del alma, aunque nadie observa que por dentro soy frágil e indefensa como los pétalos de rosas negras, caigo al suelo como las hojas en otoño y cuando llega el invierno me quema, algunas veces suelo ser hiriente, si te acercas lo suficiente puede ser que una cicatriz te lleves, pero no me tengas miedo.

Vivo sola en mi desierto de desilusiones, aguantando las quemaduras del amor, sobreviviendo a las sequías del desamor, subsistiendo entre tormentas y desguarnecida ante las traiciones de la vida, por allá lejos, donde nadie se acerca por temor porque a mis espinas le tienen pavor, sin ninguno darse cuenta que ellas se convirtieron en el único escudo que me protegen del dolor.

Me convertí en un cactus porque no pude sacar todas aquellas espinas que un día me atravesaron el alma, espinas que me hicieron pedazos cuando menos lo merecía, pero quien decide cuando merecemos o no merecemos algo? Nadie. Poco a poco me fui adaptando, reconstruyendo, y un día sin darme cuenta, aprendí a vivir con ellas: dudas, derrotas, debilidades, desamores, frustraciones, caídas, fracasos, errores, las llevo conmigo todo el día, a todas partes, agarrándoles cariño evitando que me maten.

Me dicen cactus y a mí me gusta porque rima con aksu. Pero tú no creas todo lo que dicen por ahí, ni lo que digo yo por aquí. Puedes acercarte y descubrir lo que realmente soy o mantenerte al margen y perderte la diversión. Atrévete a abrázame y llévate algunas de mis espinas, pégate a mí y saborea el sabor de mis heridas, aprende a ser valiente o aléjate y sigue siendo el mismo de siempre. Consejo mío: "en medio de lo desconocido hallarás la magia".

Me bauticé como cactus porque hay muchas noches donde me siento solitaria, triste, vacía, deshabitada, noches donde lloro y no hay quien me abrace, noches donde grite y no hubo quien me escuchara, noches donde pregunte y no hubo quien respondiera a mis preguntas; la mayoría se aleja para evitar accidentes, hoy nadie quiere ser valiente ni abrazar algo que duele, desde entonces, fueron esas espinas mi única compañía y quienes me secaron las lágrimas en aquellas frías noches.

Me transforme en cactus, cuando decidí que nadie más me iba a herir, pero eso no es algo que uno decide, termine siendo más humana que antes y me siguen hiriendo e hiero, inevitablemente, aunque a veces no es lo que quiero. Nadie entiende la congestión de mi mente y me repiten que mi mentalidad no es de gente inteligente, pero hace un tiempo deje de prestar atención a lo que comenta la gente que no siente.

“No hay cosas imperdonables, si se hacen por amor”, dijo un señor de piel morena y con sombrero que caminaba una noche solo por aquel desierto. No sé a quién se lo dijo, pero intente hablar con él y nunca se detuvo, se limitó a seguir su camino. Consejo del anciano: “Cuando sabes a dónde vas no pierdes tiempo, las palabras no nos pertenecen”.

Algunas noches cuando la luna, la arena y las estrellas se van, me quedo sola y solo quiero que unos brazos calientes me acaricien, sin importar que tanto mis espina los lastimen; algunas noches cuando me quedo sola, observo las estrellas en lo alto deseando algún día dejar de ser un cactus y convertirme en una de ellas.

Algunas noches cuando me quedo sola, solo quiero que alguien llegue y me haga compañía, me comparta un poco de su historia, y que no se aleje al yo contarle la mía, algunas noches vivo solo deseando que suceda un milagro y dejar de ser de una vez por todas un maldito cactus.
Solo necesito a alguien que se sienta feliz dentro de mi caos.

-Aksu.

Comentarios

Entradas populares