Resurrección.⌛🚊✨🌌
Año 1990.
“Quiero arder en el calor que emana tu alma”,
gritó con la mirada la muchacha que llevaba un libro de Rayuela en las manos.
“Hay canciones que se hicieron para que dos puedan conocerse”,
pensaba el chico con audífonos que llevaba puesta la capucha negra.
Ambos dentro del tren del amor.
Ese que parece que va volando y que nunca quiere esperarnos,
parece que no quiere que nos tropecemos
parece que le da miedo que nos conozcamos
corremos para alcanzarlo, creyendo saber a dónde vamos.
Y pum, nos equivocamos. Es preciso detenerse.
Se abren las puertas del tren con destino a la casualidad
y se oyen latidos de amantes que no saben cómo amarse.
Se rozan manos y hombros que no quieren tocarse
se piden disculpas a caras que no quieren mirarse
se regalan sonrisas a ojos que quieren apagarse.
Ellos todos, conocidos con desconocidos
descosiendo heridas para encontrarse en un latido,
estaban en la misma estación con distinta dirección
un descuido del reloj los hizo coincidir en un vagón.
Se cierran las puertas del tren
cargado de almas que no saben que todavía laten
se miran arrugas en caras confusas,
se apagan sonrisas, se pierden lunares brillantes
se oyen latidos de muertos que no saben que aún respiran.
Año 2001.
¨Paciencia, las flores volverán a crecer¨ dijo el señor de cabellos blancos al caballero que llevaba rato intentando cerrar un maletín repleto de papeles.
¨Quiero todo para hoy, porque el mañana está lejos” respondió el caballero del maletín al señor de cabellos blancos.
Ambos dentro del tren del perdón.
Ese que parece que es infinito y que nunca lo alcanzaremos
siempre va despacio porque nosotros nunca nos detenemos,
parece no reconocernos. Nos hace sentir que nunca llegaremos.
Aquel que nadie aborda, aunque todos lo necesitan.
Casi siempre está vacío, con un par de ilusiones muertas en las barandas
se detiene el tren en la estación de las dolencias.
Se bajan las almas que arden, pero ya no queman.
Abordan el tren algunos optimistas con ganas de encontrar un tesoro
caminan entre vagones tropezándose con sus propios errores
corren persiguiendo sueños, pero no están despiertos.
Se observan millones de caras derrotadas, como quien ya perdió las alas
se disipan billones de ojos intentando ubicar una estrella en la mañana.
Se cierran las puertas del tren con esperanzas nuevas flotando en el anden
se mueve el tren repleto de soñadores que parecen estar descarrilados
con destino a momentos fortuitos que los hacen dudar de sus instintos.
Se detiene el tren en la estación de los problemas
se bajan las promesas que no van a cumplirse
se quedan las almas que no disimulan que están tristes.
Se suben al tren fantasmas que caminan, pero sus almas no palpitan.
Año 2012.
“¿Ese recuerdo te está ahogando o salvando?” - pregunta la señora que llevaba colgando una lonchera, a una adolescente que llevaba el cabello en trenzas.
“Ya no tengo edad para pedir perdón por llorar, mamá”. - respondió la adolescente, pasándose los nudillos por sus ojos.
Ambas en el tren del tiempo.
Ese que parece que lo tendremos siempre
sin ser conscientes de que se agota con cada parpadeo
parece infinito cuando el alma duele
y tan corto cuando dos se quieren.
Dicen que va lento cuando lloras
y deprisa para matar las risas,
que también destiñe recuerdos, pero cicatriza las heridas.
Se tiene el tren en la estación del olvido
se bajan los que ya no quieren sentir dolor
lo abordan, muchos seres que desconocen el pasado
se cierran las puertas del tren con varias almas que se apagan dentro
se mueven entre vagones las risas y las lágrimas que una vez fueron cercanas
se detiene el tren en la estación del recuerdo
se abren las puertas con memorias borrosas llorando
se suben al tren algunos seres que ya superaron el ayer
se bajan los que descubrieron su renacer
se cierran las puertas del tren repleto de indecisos que les agobia el futuro.
Se mueve el tren entre pasados confusos carentes de presentes oportunos.
Se detiene en la estación de la realidad.
Se quedan dentro todos los que temen conocerla.
Se bajan los que se cansaron del engaño.
Se suben al tren los que ya despertaron del espejismo social llamado felicidad.
Año 1990.
La chica del libro de Rayuela y el chico de la capucha negra
se besan a ciegas en el vagón de la pasión sin poder decirse adiós.
Cuando el tren se detiene, sus bocas se sueltan
y ambos bajan en la estación de la rutina.
Llovía, ninguno traía protección contra aquellas gotas frías,
aunque sus almas ardían, el frio se instalaría.
El chico de la capucha negra pregunta: ¿Por qué antes no funcionó?
Supongo que dejamos de intentarlo, respondió la chica que perdió en el tren su libro de Rayuela.
¿Y qué nos faltó, amor? - vuelve a interrogar.
Quizás mirarnos por dentro, perdón...- se detiene al darse cuenta de que no llevaba el libro.
¿Todos los besos superan al primer beso? – consulta el chico.
No es el beso, es la boca. – respondió ella, medio paranoica.
¿Qué pasa?, ¿Por qué no caminas? – inquiere el chico deteniéndose también.
Perdí el libro de rayuela – dice la chica, devolviéndose al tren.
¿Te veo en la noche? - le grita el chico viendo cómo se da vuelta y se aleja.
No estamos tan lejos, te espero en la luna de siempre - respondió la chica corriendo hacia la dirección contraria.
Él, llegada la noche, acudió al lugar de encuentro, lo hizo una y otra vez, como por 150 noches consecutivas. Salió el sol, volvió la lluvia e incluso algunas flores nacieron, la nieve cayo, pero ella no apareció. A ella sus ojos más nunca vieron, nunca supo a qué le temía, nunca supo donde vivía, sin embargo, noche tras noche se dedicó a esperarla, como esa esperanza que muestra una oruga abriendo por primera vez sus alas.
Cuenta la leyenda que todavía se toma 1 día a la semana y la espera en la plaza de los recuerdos, deseando que alguna fortuna de la vida les hiciera tropezar de nuevo. ¿Cómo alguien puede desaparecer de tu vida, pero no de tu corazón?
Quizás el chico de la capucha negra morirá ignorando que aquella tarde lluviosa y gris, la chica corrió a toda prisa para recuperar un libro clásico olvidado en el tren del amor; muy descuidadamente ella resbalo por la escalera mojada... su cabeza fue golpeada varias veces, murió a los pocos segundos. No sabemos si sintió dolor, pero lo que sí sabemos es que no supo que eran las redes sociales, nunca pudo presentarle al novio a sus padres, no pudo descubrir las fotos que toman los celulares, y se fue de este mundo sin despedirse “bien” de su amor.
¿Qué fue lo último que sus ojos miraron?
Las gotas de lluvia fría cayendo perpendicularmente sobre su cuerpo.
Año 2001.
El señor de cabello blanco y el caballero del maletín se bajaron en la estación de las discordias, caminaban acelerados, el sol hacía que la vida ardiera y sus corbatas asfixiaban más de la cuenta, sudaban desesperados como quien siempre ha vivido en el campo y no encuentra oxígeno en la ciudad.
Hijo no entiendo porque el afán de divorciarte, no crees que ¿sí la amaste una vez, podrías volver a amarla? - pregunta el señor de cabellos blancos.
No papá, nunca la he amado. - respondió el hijo agobiado.
Entonces, ¿por qué te casaste? – pregunto aquel padre, acelerando el ritmo para seguirle el paso.
Para intentarlo, para ocultar mi verdad, pero ahora sé lo que es el amor y no lo quiero desperdiciar. - respondió aquel hijo deteniéndose para mirarse en los ojos a su padre.
¿Cuál verdad? – inquirió el señor faltándole el aire.
¡Soy gay, papá! – grito un hombre casando de ocultarse de la sociedad.
El señor abrió mucho sus ojos y a los pocos instantes se detuvo su corazón, cayó al suelo mientras su hijo corrió a su lado para auxiliarlo.
¡Papá!, papá respira por favor – sollozaba un hijo con desesperación, intentando desamarrar su corbata.
Un infarto - dijo el paramédico, cuando llego la ambulancia.
Por las noches aquel hijo aún llora bajo la ducha para que su esposa no escuche y deseaba con todas sus fuerzas nunca haber tenido el valor de decirle a su padre aquella verdad. Como algo tan simple: como querer ser uno mismo, ¿podría causar tanto daño?
Aquel señor quería evitar un pronto divorcio, salió muy temprano aquella mañana olvidando tomar su medicina para el corazón, cosa que provoco dicho infarto y cosa que su hijo nunca sabrá porque su padre ya no está (todavía piensa que ser gay mato a su papá). Lo que le hizo cancelar dicho divorcio, volvió a esconderse en un closet, engavetó sus sentimientos, y encerró con llaves su realidad solo para seguir viviendo una vida que todos querían, menos él.
¿Qué fue lo último que los ojos de su padre vieron?
El movimiento de las nubes, parecía que corrían a tapar el sol… como si algunos no pueden salvarse de la oscuridad.
Año 2012.
La señora de la lonchera y la adolescente se bajan en la estación del descuido, ambas caminan lento, muy despacio, como si no supieran a donde van, como si no quisieran llegar al hogar.
¿Tiene nombre tu inestabilidad? - pregunto la madre, para romper el silencio.
Solo me siento mal, mamá- respondió con desdén la adolescente.
¿Te están amando como mereces? – volvió apuntar la madre.
¿Cómo se supone que debo saberlo?, ¿Cómo sé que me aman como me merezco? – gritó una chica atormentada.
Porque no va a dolerte, hija. – dijo una madre preocupada por su pequeña.
Me da color cuando me siento gris mamá, eso es suficiente para mí. - dijo una hija inexperta.
Hija, pero eso no es amar – respondió su madre.
Entonces ¿qué es el amor mamá? – preguntó alguien que no sabe nada.
Eso es algo que no se con certeza, para todos es distinto... no podemos describirlo con precisión, peo debemos estar claros en lo que NO es, y verte así, sufriendo, solo me hace sentir que no te están amando bien, ¿quieres decirme quién es? – respondió entre angustias.
No lo conoces mamá – sentenció aquella chica.
Siguieron caminando en silencio, para que la brisa intentara secar las lagrimas
¿Y si volvemos a celebrar tu cumpleaños número 12? – volvió a atacar la mama.
¿Por qué dices eso? – respondió mordiéndose el labio inferior.
Porque ahí nos llevábamos bien – respondió aquella madre.
No, no es que ahora nos llevemos mal, es que no me has dejado estar, más nunca volveré a tener 12 mamá, y más nunca volveré a tener 17, entonces solo déjame ser lo que me toca ser ahora. Déjame equivocarme, déjame aprender, déjame crecer mamá solo déjame ser…
Al llegar a casa la chica encerrada en el baño tiene en sus manos una prueba de embarazo que dio positivo, más tarde en su habitación amarro una cuerda al techo donde colgó 3 vidas, la de ella, la de su madre y la que llevaba en el vientre… No supo que sexo era, no supo que tiempo tenia, no pudo saber que mama también puede ser amiga, ni descubrir a tiempo el verdadero significado del amor.
¿Qué fue lo último que sus ojos vieron? una ventana cerrada, como los laberintos que a veces en su mente la cegaban, una ventana que nadie abrió para que el oxígeno llegara, una ventana cerrada donde siempre estuvo atrapada, una ventana cerrada donde no volvió a salir el sol...
Año 2025.
Amemos la trayectoria del tren
por las preguntas dolorosas que no sabemos cómo hacer, ni responder
por las lágrimas que mueren antes de caer
por las sonrisas a medias que nunca volverán a mirarse
por los raspones que van dejando los que están rotos desde antes,
por la desilusión de quien se saltó la estación
por quien no abordo a tiempo esperando un acompañante
por esos corazones desahuciados que nunca más respiraron,
por esos saludos con muecas y las canciones que no empiezan.
Siempre pasa que todos vamos en el mismo tren haciendo un viaje distinto, pasa que señalamos al que no lo hace “bien” solo porque aprendimos a hacerlo distinto, siempre pasa que juzgamos al que se equivoca sin saber que el paso del tiempo ha ido frenando su ritmo. Nunca es tarde para retractarse, nunca es tarde para ser mas real.
Amemos la impuntualidad del tren que nos hizo cuestionarnos
¿Por qué estamos aquí? Y ¿A dónde queremos ir?
¿Qué estamos esperando? ¿Qué estamos buscando?
¿Nos estamos acercando o nos estamos alejando?
porque nunca es suficiente tiempo para pensar (en ti).
Es verdad que estamos lejos, la distancia en km es un tema
pero puedo sentirte y si también me sientes
sabrás que puedo estar cerca, aunque no me veas.
Siempre pasa que culpamos a otros del fracaso que hemos provocado nosotros, por no tomarnos el tiempo de auto revisarnos, autoevaluarnos. Siempre pasa que vemos como los demás reaccionan y no vemos lo que nuestras acciones provocan. Siempre pasa que el miedo nos atrapa, y buscamos excusas para no ser valientes. Nunca es tarde para empezar a ser tú, nunca es tarde para disculparse.
Amemos la puntualidad del tren que nos hizo agradecer
el cruce de utopías en las vías
la palmadita en el hombro que no te dejo caer
el oído del extraño que responde con sonrisas
el abrazo que sabe a regreso
la casualidad de estar cerca
el milagro de poder respirar un día más.
Muchas veces resulta difícil saber que queremos, pero es suficiente saber lo que NO queremos. Todos necesitamos de alguien, alguien que este cerca cuando llueva y te haga sentir que la oscuridad no aterra. Hay que tener presente que no es más feliz el que menos llora, sino que menos añora. Nunca es tarde para llorar, nunca es tarde para volver a sentir.
El amor, el perdón y la compasión son viajes que no necesitan pasajes, ni visa.
Y tal vez un día descubras (a tiempo)
que resucitar ya no significa
“volver de la muerte”
sino “dejar de sentirte muerto”.
-Aksu.


Hermoso!!!
ResponderBorrarGracias por leer. :)
BorrarSi te leen con el alma, te encuentran. Cuanta belleza hay en tu universo. No dejes nunca de volar.
ResponderBorrarGracias por estar aquí. :D
Borrar¡Hermoso, conmovedor! Bajar del tren y encontrarte a ti mismo, no solo en ti mismo, sino también en el otro.
ResponderBorrarCalvin.
Muchas gracias por leerme..
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