Llorar no te hace débil. 💦
Mientras terminaba el escrito anterior (ambigĂĽedad), ya habĂa iniciado este escrito con algo como:
Hace más de 3 meses puse una alarma llamada “desahogo”. Para
escribirle a un amigo porque estaba pasando por momentos “oscuros”, o *estábamos*
quise decir. La alarma era 2 veces por semana, 1 vez al dĂa. A veces en la
mañana, otras veces en la tarde, y a veces, aunque sonara la alarma no nos hablábamos,
supongo que cada uno estaba en sus cosas, pero no dejábamos pasar más de 1
semana sin comunicarnos, hablábamos de cĂłmo nos sentĂamos, del trabajo, la
rutina, la vida, el dĂa a dĂa, si habĂamos sonreĂdo, si habĂamos dormido, si
habĂamos llorado o si habĂamos comido. Bueno, más Ă©l que yo. (Se suponĂa que yo era
la psicĂłloga y el paciente) pero los dos fuimos ambos sin siquiera notarlo.
Iba a contarles una breve historia de como hablar nos salva
o al menos libera la carga. Pero cruce las historias. ¿Por quĂ©?
Porque mientras escribĂa esto, mi novio me avisĂł que una
prima suya se suicidĂł, “se suicidĂł” repetĂa en ecos mi voz interna, esa misma
voz que ahora creo dominar, pero que una vez también me hizo dudar de mà y puso
mi alma a temblar, la misma voz que me sometiĂł a creer que mi vida no tenĂa
sentido. Y lloré, (no sé bien por qué, si aquella chica solo la vi 1 vez,
cruzamos palabras en una reunión de fechas patrias hace casi 2 años, en
tĂ©rminos generales para mĂ era una desconocida todavĂa, no era una persona que
querĂa y se suponĂa que no deberĂa de sentir nada más que pesar por la pĂ©rdida
de mi pareja),¿Suena cruel? Tal vez. Pero no fue asĂ, yo llorĂ©. Llore como si
fuera un familiar mĂo. Llore como si la conocĂa. Llore como si la querĂa. LlorĂ©.
Y querĂa saber... ¿por quĂ©? ¿Por quĂ© llore por alguien que no conocĂa?
Justo despuĂ©s de llorar, mi amigo con Ă©l compartĂa la alarma
de desahogo me escribe, diciendo que querĂa llorar.
Y asà fue como dándole una respuesta a él, obtuve la
respuesta a lo que antes desconocĂa. Tal vez por esas mismas razones que le di
a Ă©l, es que yo tambiĂ©n llorĂ© ese dĂa. No lo se. Tal vez llorĂ© porque recordĂ©
que hace 2 años atrás pude ser yo esa que hoy se quitaba la vida.
Creo que el fondo ya lo sabĂa, llore porque ella estaba
perdida y no supo encontrar la salida. LlorĂ© porque sabĂa lo que ella sentĂa, llorĂ©
porque un dĂa tambiĂ©n estuve ahĂ, atrapada, pensando mentiras, optando por una
errĂłnea salida. Llore porque ella no descubriĂł a tiempo que hablar apacigua el
dolor, y que está bien sentirse mal.
Mi novio al siguiente dĂa, mientras me acompañaba al trabajo
comentaba “Casi no he ido a funerales, no he llamado a sus padres, porque no sĂ©
quĂ© decirles, no es como si se fueran arreglar las cosas o si podrĂa hacerlos
sentir mejor”, le dije que daba igual, nunca das el pĂ©same esperando que la
otra persona se sienta mejor, solo es un aviso, le avisas que estás ahà para lo
que sea que ellos necesiten, le avisas que no están solos con su dolor.
Entonces empecé a recordar todos los funerales a los que he
ido. Y para mi corta edad han sido muchos. Creo que al primer funeral al que
fui, tenĂa como 8 años, era el Ăşnico hermano de mi madre. En el 2005 o 2006, no
recuerdo bien, muriĂł la pareja de una tĂa, y fue el primer funeral al que no
quise ir, y se lo dije a mi otra tĂa (la que siempre me cuidaba) y ella dijo:
“hay que ir” con su tono de voz amenazante y lleno de carácter, yo tenĂa ya
como 12 o 13 años, me estaba empezando a revelar, y dije “no voy, me quedo acá”
a lo que ella volviĂł añadir: Hay que ir, y “no por el muerto, sino por tu tĂa,
debemos acompañarla a ella.” Cuando lleguĂ© a la funeraria, mi tĂa estaba literalmente
sola (solo ella y el muerto) fue una escena triste, estaba sentada en un banco
lateral al muerto, y si, ella estaba muy muy triste, me dieron ganas de
preguntarle ¿Por quĂ© lloraba por un hombre que siempre la maltrataba?, pero no
lo hice, solo la abrace, y ella abrazándome lloraba más fuerte, me dieron ganas
de llorar tambiĂ©n, pero me aguante (no querĂa llorar por alguien que le habĂa
hecho mal a alguien que amo), al rato llego otra gente y le conté un chiste a
mi tĂa para que dejara de estar triste (me regalo media sonrisa). Justo ahĂ
entendĂ, que la gente que va a funerales va a acompañar a los que quedan vivos
y no al que está muerto.
En el 2007 muriĂł mi abuela materna, tenĂa alzhĂ©imer ya no me
reconocĂa. Ella ya no se acordaba de nadie, pero misteriosamente se acordaba de
los martes 13, no sĂ© por quĂ©. Recuerdo que ese dĂa la bañamos y le dimos comida
y a la hora su cuerpo no respiraba. Recuerdo a la señora Hortensia que vivĂa
por la casa (tambiĂ©n tenĂa Alzheimer y no sabĂa quiĂ©n habĂa muerto), llego
sonriendo, nos saludĂł y nos preguntĂł por mi abuela, yo no aguantĂ© la risa asĂ
que me salĂ del lugar, afuera estaba mĂa
tĂa (la que habĂa perdido al papa de sus hijos) tomando cafĂ©, recuerdo que le contĂ©
lo de Hortensia y nos entrĂł un ataque de risa incontrolable, tan incontrolable
que nos abrazamos y metimos las caras en
el cuello la una con la otra para ocultar las risas, seguĂa llegando gente y
nos saludaban (pensaban que estábamos llorando) pero nosotras no nos despegábamos
porque nos estábamos riendo. (Cuando lleguĂ© a la casa pensĂ© que habĂa pecado
por estarme riendo en el velorio de mi propia abuela).
En fin, puedo pasar 3 dĂas contándoles cosas asĂ de extrañas
que me han pasado en funerales y dándoles razones pa´ que se rĂan (ese podrĂa ser
mi mayor pecado) he hecho reĂr a los que están tristes, porque una cosa no debe
reprimir la otra, sin que me mal entiendan, la muerte no es motivo de risa,
pero la vida si, y los que quedamos aquĂ, nos toca volver a aprender a reĂr.
Esto lo comencé a finales de mayo del 2023 y lo público
ahora a principio de 2024 porque me fui de vacaciones y escribir se me complico,
pero ahora estoy escuchando un dĂa de enero de Shakira, y me dio por terminar esto, dándome cuenta de que
comenzamos narrando incertidumbre y terminamos leyendo aprendizaje. Y sé que
quizás tĂş tambiĂ©n has pensado querer “dejar de sentir” porque el dolor a veces
se agiganta y sientes que no puedes resistir, pero no resistas, siéntelo, siente
tu dolor y respira, porque “hay muchos que van a querer ayudarte, pero nadie
puede respirar por ti”, eso me dejo una pelĂcula que vi recientemente de un aviĂłn
que se perdiĂł en los andes.
AsĂ que esto que hoy
escribo es para ti, a ti que quizás te has sentido en un hueco donde el mundo
inconscientemente te va lanzando granos de arena impidiendo que salgas de ahĂ, donde
el desorden de tu mente cree que puede hacerse cargo y te grita que no hay
remedio para tu caso, pero no hagas caso, el miedo solo agiganta tu desconfianza
y terminan frenándote el paso. Por más difĂcil que se la situaciĂłn, solo
respira por favor.
El domingo después del funeral, el hermano de mi novio (que
esta fuera del paĂs) posteo un video despidiĂ©ndose de ella (iba a comentar
porque el video también me removió mucho), pero me detuve al leer un comentario
que decĂa: “estuvo hermosa la despedida, habĂa un mar de vehĂculos y gente”, y
entre corazones ponĂa ❤️”se fue muy acompañada”
❤️; al final, no comentĂ© nada. Y me preguntĂ©: ¿y si toda esa gente la
hubiera acompañado mientras aĂşn vivĂa?, y mientras tambiĂ©n me respondĂa que:
quizás, solo quizás, hubieran hecho más liviana su carga, quizás no se hubiera
sentido tan perdida, quizás le hubieran regalado una sonrisa y si se hubiera
sentido acompañada en vida, quizás un abrazo la hubiera ayudado a continuar, y
la oscuridad no le hubiera arrebatado la esperanza. O quizás si alguien la
hubiera escuchado, la muerte no le habrĂa susurrado mentiras. Son tantas
incĂłgnitas… pero de verdad ¿hubiera sido diferente el resultado?
No lo se. Y nadie lo sabe. No podemos saber qué pasa por la
mente del otro, ni del hueco en el pecho que a veces nos hace sentir diminutos
y muy rotos, no podemos saber con exactitud qué cosas disminuyen la vibración del
alma, pero si podemos estar ahĂ, y acompañar durante la batalla.
Aprovecho para desahogarme porque cuando en 2020, atravesé
mis momentos más bajos y oscuros, dentro de la pandemia (no habĂa para el
arriendo, no habĂa para comida, no habĂa para ayudar a mami) vivĂa con 10
personas a las que les daba igual si despertaba (o al menos eso yo sentĂa), no sĂ©,
la persona con la que salĂa vivĂa lejos y ya llevábamos dĂas sin hablarnos, casi
que sin decirnos ya habĂamos terminado, y dolĂa, todo dolĂa, despertar dolĂa, respirar
dolĂa, no hablar dolĂa, todo se sentĂa raro, todo parecĂa extraño, todo se
sentĂa triste, pase un episodio muy chimbo, todavĂa me da miedo contarlo, pero fueron
tantas cosas que me agobiaron que casi sentĂ que me rendĂ, como que mis latidos
ya no tenĂan sentido; lo cierto es que tambiĂ©n pensĂ© en dejar de sufrir y
aventarme a un auto, o al metro que me quedaba unas cuadras más abajo. “Lo
intente 2 veces” (lo pongo en comillas porque eso no puede ser llamado
intento), la primera vez frente al metro me senté en un banco, temblando,
indecisa, lloraba y lloraba, y lloraba, y lloraba, y después, escribà (y
escribir siempre ha sido mi medicina, eso quiere decir que, si ahora lo hago menos,
es porque he estado menos enferma). Voy a adjuntar la foto
del escrito de ese dĂa.
La 2 vez, me senté en
una acera, veĂa pasar los autos juntando las fuerzas para lanzarme a cualquiera
(pero dudaba tanto de mĂ) que no sabĂa si lo harĂa bien, me aterraba el doble,
porque si salĂa mal y no me morĂa, podĂa quedar no se sin piernas, o sin un
brazo, pero seguirĂa viva, y sabĂa que sufrirĂa peor; en eso, pasĂł una señora
que hace aseo a las calles, me preguntĂł la hora, le dije que faltaban 15m para
las 8. P.m., me vio los ojos (los tenĂa llorosos), se sentĂł a mi lado. Me
pregunto: ¿QuĂ© haces aquĂ tan sola? volteĂ© a verla, me sonreĂan sus ojos (solo
podĂamos vernos los ojos porque habĂa pandemia, y no podĂas andar sin mascarilla),
le dije la verdad: que no sabĂa, no sabĂa porque estaba tan sola. Ella no dijo más
nada… pero se quedĂł ahĂ, a mi lado (y durante ese tiempo que estuvo ahĂ me di
cuenta de que no pensé ni un solo segundo en aventarme a un auto, solo
estuvimos ahĂ, en silencio. Pasado el rato, ella volviĂł a preguntarme la hora, son
las 8:03 p.m - le dije -. Ella dijo “tĂ©rmino mi turno”, se puso de pie, me puso
su mano arrugada en el hombro y dijo: “vete adentro que hace mucho frĂo, no te
enfermes que los hospitales están muy llenos”, yo volvĂ a mirarla y asentĂ con
la cabeza, ella siguió su camino, volteé a verla, iba arrastrando los pies y
arrastraba una enorme papelera de basura mientras subĂa la cuadra, era una
señora cĂłmo de 60 años y todavĂa estaba luchando (pensĂ© en Leonarda, mi abuela
y en mi estupidez de querer rendirme). Me sentĂ peor, pero lo entendĂ. Algunos
dirán que el suicidio es para débiles, yo pienso que requiere mucha fuerza.
Yo aprendĂ, aprendĂ a estar sola conmigo sin sentir que soy
mi enemigo, aprendà que está bien sentirse mal. Y hoy, agradezco por no ser tan
fuerte aquella vez, agradezco por detenerme a verme por dentro y no gustarme en
aquel momento, pero agradezco más al rayito de luz que me llego en aquel dĂa gris
y me hizo entender que si puedo intentar mejorar, agradezco poder reconocer que
soy vulnerable y débil, eso me ayudo a seguir viviendo. Y donde quiera que
este, gracias señora por detenerse y preguntarme la hora, pero sobre todo gracias
por sentarse a mi lado y entender mi silencio.
Si hay mucha bulla en tu cabeza, intenta silenciar el ruido,
la verdad esta en tu interior. Escúchala. Llora, llora todo lo que necesites, después
sanas, y repite conmigo “llorar no te hace dĂ©bil”, asĂ que quĂ©date abrazado a esos
seres con quien puedes ser débil, porque la forma más lenta de morir es no hablar
de lo que te duele y sino lo puedes hablar, escrĂbelo. Siempre es más fácil.
Y recuerda que: siempre puedes volver a volar si el lugar en donde estas no te deja respirar.
A veces solo somos el puente que necesita atravesar la gente
para empezar a ser diferente.
-Aksu.
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