Ambigüedad.

“A veces hay que salirse de la película y convertirse en el espectador”. (pensé, después de ver una película que me rompió el corazón).
¿Por qué?
Porque al espectador se le da el chance de analizar lo que no está viviendo, puede que tenga ventajas al ver lo que el protagonista no está viendo, además se le ocurren unas ideas fantásticas de cómo afrontar, solucionar e incluso enmendar una situación. Cosa que al protagonista no se le permite.
¿Por qué?
Porque el protagonista está ahí, en carne viva, aguantando los golpes, rasgándose el alma, temblando de miedo, bailando sin saber, llorando, saltando y soltando las risas después de cagarla, en vivo, improvisando, sin tiempo de analizar, fallando, arreglándolo, abrazando, maldiciendo, agradeciendo. Casi todo al mismo tiempo.

Así fue como entendí, que no podemos solo ser un espectador en la película de nuestras vidas. No existe un doble para las escenas peligrosas debemos resistirlas, no existe un doble para las escenas que duelen debemos sufrirlas, no hay descanso, no hay un “corte” para que te tomes un break de 5 minutos y ensayes mejor el personaje. La vida, es ahora.

“¿Cómo separas las letras del poema?”. (me pregunte después de leer casualmente un dilema). – pregunta tonta, ¿no?.
Es obvio que no hay poemas sin letras, pero si letras sin poemas.
¿A qué me refiero?
A que somos las letras, somos las putas letras, a veces sin verso, sin ritmo, sin estrofas, sin rimas, a veces sin sentido, palabras simples y compuestas, palabras vacías, palabras perdidas, palabras escondidas, somos letras atoradas en historias mal escritas, somos letras maniobradas por lo que otros piensan, y casi nadie se da cuenta que, si queremos podemos ser poema, cuento, canción, o novela. Lo que quieras.

Con suerte, cuando lo descubres, dejas de ser lo que otros quieren que seas. Pero, si un día dejas de sentir para analizar, dejaras de vibrar y si dejas de vibrar, no sabrás porque vivir; si un día dejas de escribir para interpretar, te dará miedo seguir, no sabrás como existir.

¿Y qué sentido tendría vivir así?

Ninguno (creo yo). Es entonces cuando te vuelves consciente de que eres el protagonista, el director, el pintor y también el escritor de tu vida. Supongo que la única posibilidad de ser un espectador aquí es mirando hacia atrás, mirar hacia los lados, observar el alrededor puede ayudar a avanzar, porque nada detiene el rodaje; los minutos siguen corriendo, hay que seguir a adelante. Por más despejado que el cielo se encuentre, el futuro nunca es transparente, siempre estará ausente, ausente de diálogos, de escenas, de personajes; ausente de colores, pero no ausente de letras, así que escríbelo como quieras.

No hay forma de saber lo que te espera, lo que hoy es seguro, mañana puede que crezca la marea y sin darte cuenta, el barco se hunde, o quizás solo se tambalea. Pero es necesario que todo se mueva, eso no nos detiene, nos sacudimos para poder continuar hacia allá, sin pronostico, sin saber que pasara, porque la película no se puede adelantar, tal vez tan siquiera la pudiéramos pausar, pero incluso sintiéndonos estancados sin avanzar, la tierra sigue girando, el sol se sigue ocultando, la vida sigue pasando; quizás por eso es que podemos soñar, para que no nos podamos estancar, para imaginar, para ir pintando como consigamos, para escribir, para releernos, para dirigirla en pro a lo que deseamos que sea.
¿Para qué mentirnos? 
Mirar al frente paraliza, no saber a dónde vamos nos debilita. Como que aterra salir sin paraguas cuando el cielo se está cayendo, pero somos tan tercos que, si hoy predicen lluvia para mañana, y al despertar vemos que entra el sol por la ventana, salimos a la calle sin abrigos y sin paraguas, porque nos cuesta confiar en lo que no estamos viendo. Porque “si sale el sol difícilmente llega la lluvia”. Así piensa nuestro cerebro (bueno, quizás no el de todos). Pero algunos se aferran a lo obvio, pero las tempestades llegan, aunque el sol no desaparezca.

Por eso cuesta tanto avanzar después de un tropiezo; es fácil decir “un paso a la vez”, sin saber cuánto cuesta levantar cada pie. Porque el frente, casi siempre está vacío y el vacío estremece, el no saber por dónde andamos muchas veces nos detiene, por eso nos distraemos mirando a los lados, por eso muchas veces nos acobardamos, porque a veces no sabemos cómo pintar, porque salirse de la raya también te marca, porque a veces no tenemos una respuesta temprano, porque sanar a veces es cuestión de años. Porque los aviones se caen, y también se enredan los papagayos, porque la vida es tan imprecisa que no puedes poner pause, ni retroceder hasta donde la cagaste, intentas adivinar, intentas visualizar donde estarás más adelante, pero fallas, y fallar te tumba más que los planes. Fallar te hace dudar. De ti. Y de tus decisiones, de tus emociones.

Pero hay que fallar amigos. Fallar. Fallar. Fallar. Fallar. ¡Y fallar, hasta acertar! Sin ensayar.

Díganme. ¿Cuántas veces puede romperse un corazón?
Muchas. Diez. Cien. Mil. Millones. Billones. Trillones. Infinitas.
¿De verdad?
De verdad, pero cuando hablo de romper, no hablo solo de los amores, somos muy torpes para notar que somos tan vulnerables, que la familia aun amándote demasiado sin querer también te hace pedazos, que incluso los amigos, esos que que siempre están apoyando también se les va el corazón de las manos, porque romper un corazón es algo fácil, por eso no creo que sea un acto que ocurra con voluntad (o al menos a eso me aferro), no creo que personas que te quieren y sientan cosas por ti, vayan a dañarte solo porque sí.

Se nos olvida que somos personas, personas sin guiones, personas sin ensayos, sin experiencias, personas acertando o cometiendo errores, errores que no sabemos que van a romper corazones, corazones que no sabemos que romperán otros corazones, solo somos personas, personas tomando decisiones, decisiones que no sabemos que estropearán a seres que queremos.
¿Y qué queremos?
A veces todo lo que queremos es que nadie rompa a nadie, puede ser un círculo vicioso, porque no hay querer sin lastimar. Hasta que te detienes a investigar, cual es la raíz.

En fin, la fragilidad de tu alma y tu corazón siempre estarán "amenazadas" por personas cercanas, no son desconocidos lo que te rompen el alma, no son desconocidos los que te rompen el corazón, es la vida y las mismas personas que amas.
Pero, ¿Cómo se rompe un corazón?
No sé con exactitud, me atrevería a decir que se rompe en silencio. Y que casi nunca es un solo suceso, sería la unión, la suma de muchos sucesos, a veces tan pequeñitos que cuando lo vemos convertido en un Gran suceso, ya nos ha dejado un par de huecos en el pecho. No sientes un crujido, ni un derrumbe. Solo ves los pedazos. El dolor no hace ruido. Aunque eso no es lo importante.
Entonces, ¿Qué es lo importante?
Que vamos por ahí creyendo estar a salvo solo porque ya estamos hechos pedazos. Sin saber que, no se deja de sentir solo porque hayamos dejado el corazón en el lugar equivocado, obsequiado alguien desconfiado. Sin darnos cuenta, eso hace que nos descuidemos, porque no vemos que, con el tiempo, hemos ido rompiendo a todos con todos esos pedazos rotos. Porque incluso después de roto, el corazón puede seguir despedazándose, el corazón sigue latiendo, el corazón sigue sintiendo.
¿Por qué pasa eso?
Porque a veces nos cuesta aceptar que nos duele mucho, porque no miramos adentro cuando hay que salir corriendo, creemos que alejarnos es lo que necesitamos para estar a salvo; pero cuando nos rompen, se rompe más que el corazón, se nos rompe el frente, se rompen ilusiones, se rompen sueños, se rompe el camino por donde nos imaginamos, se rompe el futuro que ya habíamos pintado; y cuando nos vamos (de lugares, personas, familias, empleos), con el afán de no mirar atrás, no notamos lo que dejamos; aunque también puede pasar que no sean otros, sino nosotros mismos los que nos rompemos, y tal vez huyendo es que dejamos nuestro amor y nuestros sueños en el cementerio del dolor, dejamos la confianza y la esperanza en el universo del olvido.


Una vez lejos, intentas comenzar de nuevo, empiezas a hacer un inventario interno, y es ahí cuando vemos todos los huecos, corrimos tan rápido pensando en poner a salvo un corazón hecho pedazos, que no advertimos la inexactitud que llevábamos dentro, no advertimos la descomposición de sentimientos, y es entonces cuando llega el desespero, el desespero de intentar llenar esos huecos.
¿Y con que los llenas?
Con lo que queda después de desilusionarnos. Queda inseguridad, desconfianza y miedo, queda el frio de estar perdido en ti mismo, quedan reproches por sentimientos que no valoraron, queda el frente fracturado, quedan grietas en los momentos guardados, queda una duda infinita de no saber que falto, queda un enorme insomnio por no entender que paso, quedan con un millón de fantasías que ahora están rotas, por eso, inevitablemente te vuelves preso del pasado.
¿Preso del pasado?
Si, porque no puedes volver atrás a recuperar tus partes, ni a los lugares donde fuiste dejando el corazón, ni a las personas que se fueron quedando con los pedazos que dejabas al marcharte, ni los pedazos que se llevaron los que se fueron sin avisarte. Tienes que aprender a vivir así, con los pedazos faltantes.
¿Y donde esta lo que falta?
Nadie sabe, no sabrás con exactitud donde los dejaste podrás intuir a quien, pero no estarás seguro de con que pedazo se quedó cada uno, por eso lo rellenas con lo que te queda, o con lo que vas consiguiendo después de salir de la trinchera. Hasta que comprendes que quizás esta bien vivir así. Roto.

A lo mejor después de mucho tiempo sintiéndote vacío, después de mucho tiempo sintiendo que no encajas, sintiéndote despedazado, como medio muerto, u olvidado. Despiertas. Pero no como en el cuento de la bella durmiente, que llega alguien y te besa; a veces tú mismo tienes que darte el beso que te devuelve a la vida, abrir los ojos y soñar despierto, porque sobrevivir sin vivir se vuelve una carrera sin fin.

Es entonces cuando te aceptas, y después de aceptar que está bien estar mal, la carga se libera, la mente se refresca y dejas de querer llenar el vacío, dejas de sentirte perdido, dejas de resistir y empiezas a existir; solo eres tú y tu vacío, livianos, andando, dejando que viento los guie, lidiando con un mundo que desconoce tu camino, intentando amar desesperadamente, equivocándose infinitamente, pero una vez consciente, procurando no romper a otros mientras te vas encontrando nuevamente.

Creo que sin notarlo, todos tienen un pedazo de ti, incluso los que estuvieron en tu vida sin romperte. No es coincidencia. Para algunos serás un 911 y para otros el puto 0 a la izquierda. Para algunos serás un paracaídas, para otros un estúpido barranco. Para unos serás un salvavidas y para otros la ola que solo los arrastró a la orilla. Para algunos seres fuiste su primer amor y para otros una maldita bala perdida. Algunos te darán un hombro donde llorar y otros un polvo de madrugada sin huellas. Para algunos fue risa sin juzgar y para otros un partido de fútbol sin 2da mitad. Para algunos vas a ser un libro en otro idioma, que no entienden y para otros una portada de revista. Algunos te recordaran como una estrella fugaz, y otros como un pequeño infinito.
¿y qué más da?
Las estrellas más brillantes pueden ser la que más oscuridad tengan, las estrellas más bonitas que por fuera se veía por dentro nostalgia y lejanía, aunque por fuera veas una estrella hermosa tienes que mirar adentro para saber que está rota.

Algunos azares de la vida no traen un as bajo la manga para ganar, algunos azares te van a tentar a apostar y fracasar, algunos azares te permitirán volver a brillar, algunos azares te harán errar, y aunque por dentro todavía quede un poco de miedo y melancolía, seguimos buscando escapatoria; porque algunos agujeros negros te sumergen tanto, que la luz ya no es una única salida.

El amor, después de algunas estaciones, vuelve y florece, pero la confianza (en ti), sino la cuidas, desaparece. Y sin confianza, no vas a poder mirar al frente. Quizás hay historias que no terminan, aunque sus protagonistas ya no la escriban.

Si hoy se como ser, es porque mirando hacia atrás, fue que pude comprender que, ya no me frustra no entender. Mirando hacia adentro me ayudo a saber que me gusta me gusta mas escribir que leer, me gusta lo extraño, lo que casi no rima, lo que no calza, pero es real. Y también se que, no cualquiera aguanta tu oscuridad, pero somos un sí, por eso no nos frenan los no. Porque cortas las alas, es cortar los sueños, y ya no estamos pa’ eso.

A veces lo mejor que te puede pasar en la vida, es que te rompan el corazón. Solo así, es que puedes detenerte a ver que es lo que llevas dentro y reimplantarte ser mejor. Es impresionante ¿no? Como al final seguimos por ahí dando el corazón, “viviendo y amando con cada pedazo” (que siempre sea una opción).
¿Qué aprendemos de eso?
Aprendemos que… 
Todos tenemos la magia solo hay que encontrar como encenderla, ¡y jamás dejar que se apague!

-Aksu.

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