Conexión.✨

Todos hacemos cosas que no le contamos a nadie, como por ejemplo roncar, a la mayoría les aterra o les da pena confesarlo, en mi caso, siempre quise aprender a tocar piano y antes ni siquiera me atreví a intentarlo, o como que siempre escribo, pero ni el 5% de mi círculo lo sabe. Todos tenemos cicatrices que en lo profundo del alma que todavía laten y nadie lo sabe, como todas las palabras que un día quisiste gritar, pero solo atoradas en tu garganta las dejaste, o esos sueños que queríamos cumplir cuando éramos pequeños. Todos tenemos cosas que no le contamos a nadie, como esas veces en las que no pudiste ser tú mismo, o esas noches en las que el llanto no te dejaba soñar, los defectos que te enseñaron a guardar, las desilusiones que no pudiste superar o las decepciones que a veces no te dejan respirar.

Todos guardamos cosas para sí mismo. Y la verdad, aunque no entendamos bien las razones, un día pasa algo, algo “medio extraño” por así decirlo, y ese algo, en ti cambia algo (perdonen la redundancia), pero después, como de la nada, conoces a alguien con quien conectas de forma distinta, e inexplicablemente, aunque suene loco, de poquito a poquito le vas mostrando tus temores, tus ambiciones e incluso hasta los rencores, y así, como que “sin querer”, le cuentas esas cosas que sin saber bien porqué, antes no se las contabas a nadie.

Hace unos meses, un amigo de toda la vida me dio los “buenos días” por notas de voz con canciones que escuchábamos en la adolescencia (esos tiempos increíbles cuando estábamos en el liceo), recordábamos “Quiero volverte a ver” de los aldeanos, en aquel tiempo (2009 más o menos) hacíamos >>>noches de confesiones<<< y hablábamos de esas cosas que no le contábamos a nadie (y ahora que lo pienso, quizás pa’ eso existen los secretos, para unirnos un poco a quienes podamos contárselos). Viajamos en el tiempo un rato, meditando o quizás solo reviviéndonos por dentro, porque hay gente que tiene ese don, ¿sabes? el don de saber cuándo estas desapareciendo, y no solo físicamente, sino internamente, es como si al apagarte tú, ellos sintieran que también se apagan. No lo sé, creo que ese tipo de conexiones son las que debemos cuidar.

Éramos jóvenes, y creo que los jóvenes no saben lo que es *cuidar*, uno de joven solo quiere experimentar, uno cree que tiene todo el tiempo del mundo, y pues no. La vida se encarga de gritarte a la cara que casi nada te pertenece, ni siquiera el malgastado tiempo. Teníamos 17 y 18 años, siempre estábamos indagando uno en la mente del otro, descubriendo las partes oscuras, esas partes que no son visibles y que costaba mucho mostrarles a otros. Analizando las emociones propias, sin ocultar los defectos, y nos reíamos, porque ante el resto del mundo éramos los más fiesteros, desordenados, y alocados que pudieran imaginar, pero en las noches, cuando se ocultaba el sol y nadie estaba mirando, éramos solo dos soñadores.

Dos soñadores que fantaseaban con inigualables viajes y un millón de aventuras, dos soñadores en un barrio peligroso de la gran Caracas, dos soñadores en una casa mal llamada “El Castillo”, dos soñadores en una habitación pequeña pero con vista a las estrellas, dos soñadores en una litera vieja y desconchada cenando arroz con lenteja, dos soñadores con un radio prestado emborrachándose con un par de CD’S grabados por ellos mismos, con música romántica o música rara, bueno, música extraña, como quieras llamarla, es ese tipo de música que no podías escuchar con cualquiera, esa música que nunca colocarías en una fiesta y ni siquiera en reuniones familiares. Pero la vida te regala un ser, o con suerte un par de seres, con quien compartirla.

Cabe destacar que mi amigo y yo, durante el liceo no fuimos muy cercanos. Éramos un grupo grande, y andábamos siempre juntos, loqueando, inventando, pero después de graduarnos, muchos siguieron caminos distintos, muchos amigos quedaron de lado. Pero él y yo quedamos viviendo juntos, (por cosas de la vida) creo que él necesitaba mi ayuda, y yo necesitaba su compañía. Digamos que él tenía problemas de conducta o de “mala junta”, como se decía en aquella época, pero estuve ahí y él intentó estar ahí, por el tiempo que fuera necesario, y entonces nos hicimos cercanos, creo que por las mismas circunstancias.

Una de esas “noches de confesiones” recuerdo que sonó “ya no quiero estar solo” de A.5, recuerdo que mi amigo la cantaba con pasión, y le pregunte: ¿en quién piensas cuando la cantas? Hizo silencio, como si le costara mucho confesarlo. Luego dijo: “no tengo una persona especial ahora mismo”. De nuevo silencio. Siguió cantando, después de varios segundos, ¿Y tú? me preguntó, como por instinto. Pero yo no estaba cantando, y ya había pasado un tiempo desde que me habían roto por primera vez el corazón, y tristemente, en ese momento, yo pensaba en aquel rompecorazones, pero no se lo dije (aunque supuse que lo sabía), solo le dije que “ni siquiera me sé la canción”, y nos reímos, pero era verdad, esa canción la había escuchado un montón de veces y aunque la letra era bonita no me la sabía, y así, se nos iban los días, intentando descubrir que haríamos con la vida, así pasaban las noches, él en la cama de arriba y yo en la de abajo, él cantando suavecito, como si le doliera, como si no quisiera que lo escucharan y yo escuchándolo, con sentimiento, como si me estuviera contando un secreto, y así, hasta dormirnos, así, hasta soñar.

Antes no lo había notado, pero creo que esa era “nuestra terapia”, hoy me atrevo a decir que fue una de las partes más reales de la época. Esas, y otras noches, donde mirando las estrellas descubrí que me gustaba escribir y a nadie le pude decir, esas fiestas donde me emborrache y fui débil, y a alguien le mostré el color de mis lágrimas, esas tardes donde me escondí en un libro un millón de veces, porque la mierda del mundo ya no agradaba, esas partes de mí, que descubrí y que mantuve ocultas de otros durante tanto tiempo, para cuidarlas o tal vez protegerme, porque antes era complicado mostrarse como uno mismo, antes dejábamos que ganara el miedo, antes solo queríamos encajar o pertenecer a un grupo, ser parte de algo, pero un día lo notas, notas que: “no puedes ser parte de algo, sino eres parte de ti primero”.

Dicen por ahí que “los años pasan y la gente cambia”, pero a veces no cambiamos, solo dejamos de esconder lo que en realidad somos. Ahora, cuando escucho canciones viejas, no pienso precisamente “en alguien”, pienso precisamente en esos momentos donde no tuve que ocultarme, en esos momentos donde me acepte y me aceptaron, sin juzgar, sin reprochar, esos momentos donde “ser rara” dejo de ser un defecto, esos momentos donde fui yo misma y también me quisieron por eso. Esos momentos donde sin darme cuenta le regale a alguien un pedacito de alma, un pedacito de luz, un pedacito de mí, un pedacito de esperanza. Esos momentos tan simples pero llenos de intimidad y complicidad, esos momentos llenos de verdad y realidad, donde esconderse ya no era una vía.

Conocemos mucha gente a lo largo de la vida, o a lo corto del camino, pero te has preguntado ¿Cuántos de esos seres te conocen realmente? O ¿Con cuántos conectas profundamente?, cuánta gente de toda la que conoces será capaz de notar cuando estas mal, sin la necesidad de que se lo tengas que mencionar. Igual no pasa nada, también hay gente con la que no conectas y que también se llevan bien, porque capaz parezca un poco injusto ¿no?, sabemos que la gente no es adivina para saber cuándo estas mal, ni cuando quieres llorar, ni cuando necesitas un abrazo, ni nada, pero mira que se siente bien que alguien lo note, y se siente aún mejor que se quede ahí contigo, sin importar lo complicado, sin ni siquiera intentar remediarlo, solo está ahí, acompañando.

Creo que hay muchas cosas que nos unen a otros, como las circunstancias, o los dolores, las penas, las melodías, las risas y sin duda las anécdotas, pero también es medio extraño como a veces pasamos días enteros sin saber qué hacen, o como están esos seres a los que sentimos estar “conectados”… ¿en qué momento la unión dejo de ser cercana?, no lo notamos hasta que la unión también pareciera desgastarse, no lo sé, ¿como si se venciera?, como si con kilómetros en medio bajara la intensidad de conectividad, como si fuéramos un Wi-fi, si, que mientras más lejos, conectamos menos, todo eso lleva a cuestionar si ¿tenemos amigos de verdad o de circunstancias?.

No sé, es como si el presente al final también existiese para alejarnos, alejarnos del ayer y de esos seres, alejarnos de los errores, alejarnos de las creencias, alejarnos de cosas que hacíamos, que un día fueron divertidas y hoy parecen ser tan aburridas y antiguas, para alejarnos hasta de la música, porque ahora esa música que escuchabas en la adolescencia es “vieja”… pero la musiquita viejita es vida, y nada, quizás estos son puros disparates, supongo que tampoco somos tan fuertes, supongo que, de vez en cuando, también nos toca probar el olvido, de vez en cuando también nos toca extrañarnos a nosotros mismos, porque al final, también hay cosas que nos separan de otras cosas.

Ese día mi amigo y yo hablamos de cómo hemos cambiado y como crecimos en medio de dificultades, de como nunca nos hemos rendido, de como nunca nos olvidamos, de cómo evolucionamos, como las mariposas, seguimos siendo nosotros mismos, con nuevos colores porque, de cualquier forma, nunca te arrepientes de aprender a volar. Ese día, hablamos de las buenas épocas, de cómo la vida avanza y sin embargo, a veces una sola canción hace que retrocedas, y un olor a veces nos acerca, y recordamos cuando el tiempo se detenía, porque cuando eres joven se tiene ese poder, ese poder de “intensificar cada instante” hasta volverlo inolvidable, hasta volverlo inescrutable, hasta volverlo valioso e irrompible, hasta volverlo un tesoro.

Yo todavía me pregunto: ¿a dónde diablos se fue ese poder?, ¿dónde coño se esconde aquella euforia? ¿Por qué disminuye la energía? ¿Por qué se desgata la conexión?, ¿Por qué nos alejamos sin razón?.

Hay días que uno amanece como deseando un pasaje al ayer, y no para cambiar nada, pero si para abrazar un poco más a quien ya se fue, o solo para tener el placer de darle Replay a algunas memorias, o para escuchar a tu yo de 15 años diciendo “esto es lo que eres hoy, y debes alejarte de aquellos con los que no puedes mostrarte como eres”, sin importar como seas mañana. Quizás así, nos hubiéramos ahorrado un par de fracasos. ¿Quién sabe? A veces uno también amanece como con ganas de tener amnesia, o con ganas de volver hablar mierdas raras en las madrugadas. Pero nada, la vida adulta demanda otras responsabilidades, y la mayoría de las veces todo lo que queremos es que deje de doler el presente.

Siempre leemos por ahí, que intentemos ser “Mejor”, pero ¿mejor cómo?, ¿Quién decidió que es lo mejor? y ¿mejor para quién? ¿mejor para alguien más?, ¿mejor para el mundo? o ¿mejor para ti mismo?

Mi amigo actualmente vive en un país de Europa y yo en uno de Latinoamérica, pero ambos con unas ganas tremendas de estar en Caracas, en una litera desconchada, escuchando canciones raras y contándonos “cosas que no le contamos a nadie”. Nos han pasado mil vainas, y hay días en que nos aplasta la nostalgia, y hablamos, hablamos y hablamos, para animarnos, y extrañamos, extrañamos y extrañamos, para no olvidarnos, pero a la vez, seguimos soñando, soñando y soñando para poder reencontrarnos, porque la vida a veces puede ser un sueño pequeño o un puto huracán de recuerdos, y por más lejos que estemos, los recuerdos no pierden significado, y por más que crezcamos, los sueños no se vuelven viejos, y por más que un día olvidemos, los sentimientos seguirán flotando, en el aire, en el alma y en el universo.

Al final del día creo que somos como playas, a veces llenas y repletas de gente, pero al mismo tiempo tan solitarias, vacías, medio abandonadas, coleccionando “desechos” que traen otros, a veces tan profundas, salvajes, poco navegables y a la vez extraordinarias, tranquilas, divertidas.

Somos como playas descubiertas por náufragos que encuentran tesoros en nuestra orilla, somos como playas donde algunos se ahogan antes de sumergirse, somos como playas de peces que se pierden en nuestra inmensidad, somos como playas visitadas por turistas que vienen a dejarnos sus penas intentando que la sal las disuelva, otros pocos dejan risas entre mareas, pero siempre quedaran las huellas, entre el mar y la arena, esa capa invisible e intocable que nos hace estar juntos, esa capa intangible donde se guardan las conexiones, y no importa cuánto quieras ocultarlo, o que tanto envejezcas, no se borran ni se olvidan, las huellas son como las cicatrices, que aunque un día sanan y dejan de sangrar, ya nunca desaparecen. Y un día, te descuidas y cualquier ola te las roba, y otro día, cualquier otra ola, te las trae de vuelta, y otro día, otra ola te traerá conexiones nuevas, y así, toda la vida. Porque ¿Qué culpa tendrá la ola de que el mar la convierta en salvaje?

Siempre te visitarán nuevas personas, gente de ciudades y edades diferentes, siempre llegarán otros amores, siempre crearas nuevas amistades, nuevos conocidos, pero pocas veces llegan nuevas conexiones. Así que cuídalas, cuida tus conexiones, porque al final, seguimos estando juntos, aunque no estemos cerca.

Hace días, rebuscando en la profundidad de mi océano encontré un baúl y al abrirlo saltaron algunas nostalgias. De repente volví a oír la risa de mi abuela, y encontré un reloj sin baterías, marcaba las 18:15 del 23 de marzo del 2013 y me pregunté ¿qué estaría haciendo cuando se detuvo?, y ¿porque no repuse una batería para ese medidor del tiempo?, ¿Por qué lo deje de usar?… remuevo un poco más adentro y escucho muchos “te quiero” de voces que ya no están, y también estaba el olor de mi perra que partió al cielo, un cuaderno con garabatos y versos viejos, encontré dibujos y colores desgastados, habían canciones que olvidé que me gustaban, y al final del baúl habían unas cuantas fotos mías, de distintas edades con distintos humanos, con distintas sonrisas y distintas miradas, mi ropa y mi pelo también eran diferentes y lo único que seguía siendo lo mismo en todas esas fotos, era mis ojos, esos ojos que siguen guardando sueños, los mismos ojos que aprendieron a ver la vida como lo que era: a veces una fiesta con tequila, baile y cerveza, y a veces un camino solitario sin luna llena.

Después de tanta introspección, me hice 3 preguntas: ¿qué le dirías a todos tus antiguos yo? Y creo que les diría “perdón”, por no escuchar antes, por no aceptarnos a tiempo, perdón por no defendernos como se debía, perdón por no respetar los ideales y perdón por no haberte amado suficiente, y creo que también les diría “gracias”, gracias por mantenernos fuertes y sensibles, gracias por haber crecido, gracias por no darte por vencido, gracias por encontrar el camino y las maneras correctas para ser tú mismo. ¿qué le dirías a tu yo de ahora? A mi yo de ahora le digo que deje de exagerar algunas cosas, que no huya de la verdad, que escuche más, cuida tu locura, cuida a los que te cuidan, cuida tus conexiones, usa más el piano y crea tus propias melodías, estúdiate y estudia, nunca sueltes la lectura ni la escritura, haz todo lo que al cuerpo le dé corriente, eres humana, puedes equivocarte, pero sobre todo “nunca dejes de mirarte, nunca dejes de buscarte, mira hacia adentro cuando afuera sea muy feo”. Eres Fuerte. ¿qué tienes que decirle a tu yo del futuro? Ehhh, creo que ya hay un escrito entero para mi yo del futuro y la verdad justo ahora no tengo grandes palabras, pero nada, si tengo algo que agregar ahora, seria que: espero de todo corazón que puedas seguir siendo TÚ, porque te conozco y lo que quieres hoy mañana quizás ya no, porque somos indecisas y cambiantes, pero también somos decididas y echadas pa’ lante. Ya no importa tanto como seré en 1 año o en 10 años, tampoco dónde estaré, lo único que sé, es que me asegurare de ser feliz con lo que soy, y donde estoy HOY.

Ya no preocupa fallar.

Preocupa no encontrar, o no saber buscar.

Pero… ¿Qué es lo que buscamos?

Abrázate mucho, descúbrete y no le niegues tu sonrisa a la vida. A veces cuesta comprender que cuidando mucho también se daña, pero dejando de ser tú, te dañas. Así que, si nadie te lo ha dicho, te lo digo: te perteneces, a ti y a lo que sientes.




Pregúntate constantemente: ¿eres feliz siendo tú?
-.Aksu.





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