Homenaje.

¿Está bien si comienzo esto por el final?
Bueno. Da igual.
Ahí les va.

“Andamos con el corazón por delante y el cerebro de escudo”.

Aprendí a agradecer lo malo, porque fue así, como volví a latir.

Era el 2020, año difícil ¿no?
lo arranque con ganas, como cualquier otro.
(Pero ése no sería como ningún otro).
Ese fue el año de los sentimientos rotos,
de las luchas mentales.
de los distanciamientos sociales
(justo ahí, me cansé de aparentar).
No sabía cuál era el valor de una sonrisa,
hasta que las hicieron desaparecer.
No sabía el valor de un abrazo,
hasta que nos obligaron a negarlos.

Una madrugada en cuarentena
(con covid en mi sistema),
la casa estaba fría,
mi mente oscura aturdía,
la luz de la luna traía melancolía,
el virus debilitando,
el cuerpo flaqueando,
la musa estaba llegando
y el silencio alejando.
Divagando entre recuerdos,
me pregunte: ¿será que llegamos a viejos?
“Estamos tan lejos”, respondió mi propio ego.

Faltándome el aire en mi propia cama
me dije: “la vida se está esfumando”,
como pude, me puse de pie,
caminando lento
fui a la cocina por un té,
en inolvidables momentos navegué,
sentí que la tristeza
me hacía temblar el cerebro.
Aunque no estaba sola,
sentí que moriría ahí. Sola.
Y vacía. Afligida. Infectada
(y no solo por el virus),
andaba como un zombi,
con el alma deteriorada,
la enfermedad causaba dolor en mis huesos,
me faltaba el aliento,
pero me dolía más adentro,
donde las pastillas no llegan,
me sangraba el alma.
Pensé en todas las personas que aislaron
y murieron así de desiertos.
¿cómo sería su último suspiro?
¿recapacitaron cuando la vida se les estaba apagando?
¿encontraron lo que en la vida estaban buscando?
me llene de miedo, ¿sabes?
últimamente la vida era gris,
aprender a reír con los ojos dolía,
yo hace rato no estaba feliz,
casi ya no me quería,
y estaba lejos de los que me querían,
mientras más miedo, más asfixiada me sentía.

Seamos sinceros, yo soy pro - positivismo, siempre. Pero, atravesando este tormento (covid), me quedo claro que a veces es muy difícil mantener las ganas de vivir altas, porque al final, una cosa es no tener ganas de existir, y otra distinta, es que realmente necesites oxígeno y que tus pulmones no lo puedan adquirir.

El miedo encierra.
Era espeluznante cada noche con la incertidumbre arroparse,
sin saber si mañana podrías despertarte.
¿Teorías conspirativas sobre reducción de población?
¿Y dónde están? Los que debían mantenernos libres del miedo,
¿Dónde están? los que tenían que ayudarnos a sanar.
Mantenerse seguro era una cuestión mental.

Entonces, mientras vague por esos días oscuros, reitere que la vida a veces es un suspiro y otras veces es más que un respiro, “la vida sin sueños es un tropiezo, pero la vida sin afectos es dormir con un hueco en el pecho”.

Fui enemiga del tiempo.
Y ciertamente,
¿En qué momento sanas, si estás pendiente de armas?
¿En qué momento deja de doler, sino atiendes las heridas?
Tuve que sacar bandera blanca,
porque la guerra era yo vs yo.
Y no exigía un ganador,
solo necesitaba encontrar
una mejor formar de afrontar y respirar.
Mediar con uno mismo requiere valor.
La verdad, me cagué
cuando vi mi alma vagando por la oscuridad,
extraviada buscando un poco de paz,
desahuciada buscando un rayo de luz,
gritando sin ruido, con vértigo de vivir.

Después me aleje, de todos,
para acercarme a mí.
Derribe límites mentales,
libere prejuicios visuales,
acepte que somos frágiles,
que la fuerza debe ser más interna que externa
y que nadie te hace más daño,
del que tú te haces.
Algunas veces,
hasta tu propia mente, te miente,
sin saber bien como defenderte.
El mundo está lleno de dementes,
pero los disfraces desaparecen,
y lo real prevalece,
consciente e inconscientemente,
también somos seres capaces,
somos vulnerables,
y diferentes.
Mientras respires
todo se puede,
solo tú tienes el poder,
ni se te ocurra rendirte.

Esto son trozos de vida que vengo escribiendo hace bastante tiempo, anunciando un final impuesto, tal como nos impusieron la cuarentena: a la fuerza y sin remedio. Encerrada conmigo misma le pregunté a mis sentimientos: ¿a dónde se fueron todos los que ya no estaban dentro?, sin encontrar respuesta solo me encontré escribiendo: ¿un cuento? Tal vez. Un cuento sin cura, porque nos enfermamos de distancia, intentando escapar de mi mente, descubrí que: “nadie puede quedarse, si primero no me quedo yo, conmigo”. Esto es un homenaje al amor propio, ese que tenemos todos nosotros y pasamos media vida buscándolo en otros, esto es un grito de respeto a ese amor que pocos se atreven a darse, pero que un día, sin darte cuenta, el mundo te obligará a buscarlo y entregártelo, será la misma vida quien te suplique que le quieras y te quieras.

Desde aquel momento deje de tener expectativas, deje de pedir consejos, deje de intentar hacer feliz al resto, acepte que a veces la tristeza ayuda a brillar y cuando eres feliz, se contagia esa felicidad. Todo lo tenemos dentro, y dependiendo de la forma en como lo muestres, será tu cruz o será tu bendición. No seas tu propio verdugo. Eres el único responsable de mejorar tu situación. Cuídate y hazte fuerte, pero por favor siente, siempre.

¿Sabes? No hablo con mucha gente de lo que me duele últimamente, y eso también debilita, rompe, hiere, nos mata lentamente. Por eso, de ante mano, gracias por leerme. Escribir es mi nueva terapia de superviviente (como un soldado me sigo recuperando del trauma que causa estar en guerra). Escribir es mi medicina natural. Escribir me hace sentir que, aunque un día muera, mis letras serán inmortal.

¿Quieres saber que más paso?
Si. Da igual. Te lo voy a contar.

“Había una vez dos desastres que se querían arreglar juntos”.

Éramos él y yo contra nuestros demonios y… Perdimos.
Perdimos porque estábamos en el mismo equipo
y al parecer nunca lo supimos,
sin querer, daño nos hicimos.
Trate de explicarle, pero nunca hizo caso,
y en vez de luchar conmigo, lucho contra mí.
En los equipos no se reprime,
en los equipos hay que “jugar en conjunto”,
en los equipos “divertirse” es el objetivo,
en los equipos si el compañero anota, se festeja.
En los equipos se tienen diferencias,
pero eso no hace querer hacer que el equipo pierda.
Y si uno gana, todos ganan, se celebra.
Porque un equipo es un equipo,
Y se apoyan en victorias y en derrotas,
con mucho o sin nada.
Fuimos muchas cosas, pero nunca apoyo.
Fuimos muchas cosas, pero nos faltó ser equipo.

Era mi mejor secreto
que lastimosamente dañé,
cuando al mundo se lo mostré.
Un secreto es un recóndito
y la única forma de mantenerlo a salvo, es oculto.
Fuimos 2 almas descubriendo luceros en desiertos.
Fuimos una galaxia sin estrellas,
oscuridad y misterio dándose besos.
Fuimos abrazos con sabor a atardecer,
una mañana sin amanecer.
Fuimos un closet sin Narnia,
muchas horas que no tuvieron minutos.
Fuimos dos partículas atrapadas en un agujero negro,
ninguno salió ileso,
porque dolorosamente, en lóbregas no se vive.

Tarde MUCHO tiempo en entender que
quién te quiere te acepta,
aunque tenga miedo y también duela,
aunque salga mal, lo intenta.

Hoy, que ya no estoy atrapada y reconstruí mis alas, ha vuelto mi risa. Hoy he reconocido nuevamente mi reflejo, soy yo misma y me perdono. Hoy me doy cuenta que: “si estoy hecha de errores, él es mi mejor error” (pero no se equivoquen, esto no se trata de darle medallas a las equivocaciones). No piensen que esto es arrepentimiento, culpa o resentimiento. Aprendí a compartir el dolor cuando ya no lo estoy viviendo. Y a darle valor al tiempo, aceptando que también fui feliz ahí, con lo poquito o mucho que recibí, con lo poquito o mucho que di.

En aquel tiempo frente al espejo me reí, y escuchando mi risa me dije: “realmente se puede estar más feliz, y depende más de ti”, así que, por eso, nos dejé ir... sin despedir. No puedo culparle por darme solo una parte que yo misma le acostumbre a entregarme. No puedo culparme por no comprender lo que nunca se atrevió a contarme.

La culpa no es de nadie,
pero pesa más que equivocarse.
Algunos por inercia, 
todavía la cargamos.
Manteniéndonos presos a un pasado
que no tiene remedio, ni condena.
La culpa es una puta roba presentes,
que hace delirar, y atar cabos,
donde ya no cabe un nudo más.

Está es otra historia, de esas “no tan bonitas” que se dio a rememorar, para drenar o intentar enseñar, también para sanar, pero más que todo para avanzar. Es un cuento corto que duele, ese pedazo de alma que desarma y que ya nadie se atreve a mostrar, es quizás una novela barata, de esas de las que el final no agrada, un capítulo inconcluso que la vida te exigió cerrar. Al final, uno entiende que: “Nadie merece vivir aferrado a un amor a medias”. Esto es un homenaje a un amor que nunca aprendió a quedarse, porque un amor no sobrevive escondido en atardeceres. Esto es un grito de libertad a esos amores que llaman “prohibidos”, porque no hay amores prohibidos, solo gente cobarde. No hay amores prohibidos, sino sentimientos incomprendidos o portadores pocos decididos.


No sé si fuimos una buena o mala costumbre,
no sé si fuimos una estupenda o desagradable decisión,
no sé si alivie o agrande su dolor,
no tuvimos un inicio preciso,
la despedida tampoco existió ,
solo tenemos recuerdos en común
¿y si nos quedamos con los buenos?
siempre tendremos sueños nuevos
aunque los dos, ya no quepamos en ellos.
Nunca le tuve, y todo le di.
Sin embargo, a veces un “todo” es más grande que todo.

El mundo gira, y a lo mejor somos fragmentos de otras vidas, no tienes que convencer a nadie de quedarse, ni de acompañarte, ni de quererte, no tienes que convencer a nadie de abrazarte, ni de besarte, ni de sostenerte, no tienes que convencer a nadie de quedarse a tu lado porque la unión de almas, no la rompe ninguna distancia. Puesto que el honor siempre será estar vivos, el honor es que dos desconocidos descubran el amor unidos, el honor es coincidir en este mundo frío. Así que, no desesperes, te envío luz para aclarar tu mente, y recuerda: “lo que no nutre, se pudre”.

Esto no es solo un relato de traición o decepción. Esto son pedazos de memorias. Pero sí. También es desilusión, porque ese es el precio que se paga por querer y creer en otros, esto es una de esas crudas circunstancias que te parten el alma, pero te abren la mente, un dolor que te ayuda a alejarte y al mismo tiempo a tenerte, esto es una tarde sin café, una noche sin vino, esto son madrugadas en vela, preguntándole al planeta: ¿Qué es lo que hace que el alma duela?

Somos energía. ¿Transcenderemos? Quien sabe… Rompamos los esquemas, no estamos hechos pa’ odiarnos, simplemente detengámonos un minuto a ver lo bueno en nuestro alrededor. Aceptemos: “la existencia es pasajera, y nosotros no seremos su excepción”.

¿Quieres saber cómo empezó?
Lamento decepcionarte porque no lo se.
“Son cosas que no se controlan”, diría un viejo amigo.

“Quizás estamos aquí pa' pasar un ratico y no la vida”.


¿Fuimos un rincón feliz? Si.
Risas de madrugadas,
aliento en medio
de llantos por desesperanzas.
¿Fuimos compañía? Si,
con cerveza fría,
mucho baile y locura desmedida,
¿Fuimos una mala ortografía?
Creo que también,
pero nos faltó ser sinceridad.
Por eso, la vida
como buena maestra,
puso a cada cual en su lugar.
Todo me lleva a pensar que:
“Si somos libros, eres uno de mis favoritos”.
Aunque te leí, sin comprenderte,
como quien no quiere aprenderte.
Como quien reprueba,
y le toca seguir presentando la misma prueba.
Ahora somos diferentes.
¿Nos ganaron las dudas?
Quizás nos graduamos en disimulos.
Pero la vida madura. ¿sabes?
El karma pellizca.
Y la verdad cura.
Por eso nos apartamos.
Todavía me emborracho preguntándome: ¿qué nos pasó?
Todavía me da nostalgia.
Me consuelo creyendo que así, te va mejor.

Guárdame un par de estrujones,
pa’ cuando nos demos los perdones,
juntémonos un día a ver como el sol se esconde.
Sin huellas, sin recelo, sin indiferencia,
con vodka o café y galletas.
O quizás prefieras un té, para ver los tatuajes envejecer.

Esta parte es una resaca de mentiras, ¿los amigos también rompen corazones? Yo creo que sí. Esto es un “mejor de lejos”, porque a las malas aprendemos que casi nunca ayudan los que están en las buenas, fue así como acepte que: “nadie merece estar rodeado de gente que le hace dudar de su ser”. Esto es un homenaje a la amistad, a la aceptación del ser otro. Esto es un grito a la autonomía de ser lo que tú quieres ser, porque ser algo que no eres solo para estar con otros, te hace insignificante. ¿sabes? Nadie está obligado a resistir tu adversidad. Busca tu identidad.

El perdón será la mejor venganza y continuar el único adiós.

Nos alejamos, pero las conexiones que creamos nunca se desvanecerán… ¿Cómo se aleja la vida de la muerte? ¿Cómo se aleja una estrella del cielo? ¿Cómo se aleja la boca de los besos? ¿Cómo se aleja una mente del recuerdo? ¿Como se aleja el alma del sentimiento? ¿Cómo se aleja el miedo del amor? ¿Cómo se aleja la necesidad de la traición? ¿Cómo se aleja el dolor de la herida? ¿Cómo se aleja la confianza del temor? ¿Cómo se aleja la rabia de la mentira? ¿Cómo se aleja el error del corazón?

Las dudas no ayudan.
Tantas preguntas en la garganta solo asfixian.
Las dudas no calman,
irritan, (a menos que te guste vivir en el drama).
Las dudas no sanan,
rompen, cuando no puedes sacarlas del alma.

Creemos conocernos, creemos conocer a otros, creemos conocer nuestra mente y creemos conocer sentimientos ajenos, cuando todavía estamos descubriendo los nuestros, pero la vedad: nadie conoce a nadie. No se queden con amores baratos, ni amistades que resten. No te juzgues por tu peor versión, porque siempre puedes ser mejor. No te acostumbres a perder, porque te mereces todo, siempre y cuando luches y también lo des todo.

Esto es una ruptura, una ruptura amorosa, una ruptura con la amistad, una ruptura conmigo misma, una ruptura con la ansiedad, esto es una ruptura con la depresión, con la perfección y mis antiguos paradigmas. Esto es una ruptura con el sufrimiento. Esto es también un desapego. Es que a veces es necesario romperlo todo. Es una realidad en pedacitos, si, esto es todavía un dolorcito, chiquitico. Es quizás un poco de despecho, es una recuperación de fe y tal vez, hasta un consuelo. Esto es un “yo quiero y puedo”. Es un “tú puedes, te quiero”.

Gracias por el tiempo, y por alumbrar la oscuridad en distintas oportunidades. Gracias por escuchar y en las madrugadas dejarme llorar. Gracias por la fuerza y por no dejarme sola cuando estaba medio muerta. Gracias por preocuparte. Gracias también por alejarte (ya no quiero que seres insensibles me abracen). Gracias.

No se puede vivir remando en un mar de mentiras.
Un tiempo después, ojalá mirarnos y que el silencio lo diga todo.
Todavía quiero que la vida te sonría.
Y escribí esta “despedida”, (no es para que vuelvas),
sino para que recuerdes.
Recuerdes la historia cuando ya no estas viviéndola.
Recuerdes lo bueno detrás de cada herida.
Recuerdes a está loca que cree que hace poesía.
Reflexiones en tus futuras travesías.
Yo te quería, y te quiero todavía.
Aunque no estés más cerca en mi vida.


Honro al amor, aunque no existía.
Honro la ausencia, porque su presencia siempre fue pasajera.
Honro el olvido que nunca escribo.
Honro a los girasoles que crecieron en mi ombligo.
Honro los besos fríos sin cosquilleo.
Honro las respuestas sin justificación.
Honro el afecto a destiempo.
Odio que no nos vimos más.
Odio que nos rendimos.
Odio que no aprendimos a perdonar. (A tiempo).
Odio que nunca volvimos a hablar.
Odio no conocer su versión real.
Odio su orgullo por encima de todo lo demás.
Amo el humor para todas las cosas.
Amo aquella melodía loca.
Amo las carcajadas después de llorar.
Amo la insistencia y perseverancia, que un día nos contagió.
Amo lo vivido, aunque hoy tengamos distintos caminos.
Amo que, sin querer, nos enseñamos como “no debemos ser”.
Amo su vida, aunque se despegue de la mía.

Es imposible pasar por una vida y no dejar huellas, es imposible tocar un alma sin llevarte algo de ella. Por eso, trata de que las huellas que dejas no duelan y que lo que de otras almas te llevas, sea lo que a ti te llena.

A veces, me tropiezo con sonrisas pasadas en mi galería, sonrisas genuinas y me alegro por la vida, porque algunas de nuestras memorias siguen escondidas, en estrellas fugaces o en los infinitos que no terminaron de formarse. Hoy por hoy, agradezco que “no podemos volver a la felicidad del 2010, ni a la tristeza del 2020”.

El cielo no deja de ser cielo,
aunque ahora este gris.
No hubo final feliz,
pero me gusta creer
que fue una feliz historia.
Ya estoy en la luz.
Sigo en la luz.
Porque soy luz.
Y tú también lo eres,
aunque ahora te cueste,
espero que también llegues.
Y te quedes, ahí. Siempre.

En mis historias no hay villanos, solo gente que no hizo las cosas bien y se les dijo chao.

Prólogo

Antes del aislamiento yo ya estaba rota, perdida, solitaria, medio distraída, como indispuesta a vivir. Antes de la cuarentena ya se había escrito lo que hoy relato, antes de la cuarentena ya se había extraviado la motivación, ya no escuchaba mi voz, no me reconocía al espejo, estaba frágil, como cansada de respirar, de resistir, de aguantar. Antes de la cuarentena ya me había desviado del objetivo, la cuarentena solo fue ¿un pretexto para dejar de intentarlo? No lo sé, tal vez fue mi propia debilidad quien dejo salir a mis peores demonios, salieron del fuego dispuestos a comerse mis sueños, como animales hambrientos acabaron con mis ganas, destrozaron mi fe haciéndome dudar de mí, de mi amor, de mi ser, rompieron todos mis credos explotándome los sesos. Antes de la cuarentena, yo ya estaba abatida ante la vida y sobrevivir me parecía una causa perdida.




Siempre puedes volver a SER TÚ, o incluso MEJOR QUE TÚ.

- Aksu.

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares