¿Masoquistas?
Nos llaman masoquistas por idealizar incontrolablemente, nos llaman masoquistas por guardar sentimientos sucesivamente por seres que están ausentes en nuestras vidas, nos llaman masoquistas por seguir queriendo a quien nos hiere, nos llaman masoquistas por seguir recordando el ayer e incluso compararlo indefinidamente con el presente. Nos llaman masoquistas por extrañar a quien no nos extraña, nos llaman masoquistas por no renunciar al amor. Nos llaman masoquistas por perdonar, e intentar salvar momentos o tal vez emociones, por quedarnos enganchados en viejas ilusiones, nos llaman masoquistas por no dejar que las mariposas se ahoguen.
¿Nos llaman masoquistas por seguir teniendo amor?
Si… ¡Nos llaman masoquistas! pero nadie se detiene a ver el esfuerzo que hacemos por salvar aquel barco de papel llamado AMOR que su hunde y navega en el charco del desespero, porque para el resto es fácil juzgar y señalar con el dedo, desde lejos, fuera de los sentimientos; nadie se atreve acercarse y secarles las lágrimas a otros, nadie sabe la historia que hay detrás, nadie quiere sanar a los rotos, o al menos, ayudarles a hacer el viaje más ligero o quizás corto. Entonces, les resulta satisfactorio llamar masoquistas a los que siguen sintiendo desenfrenadamente desde adentro. A esos que siguen guerreando, aunque estén perdiendo. Llaman masoquistas a esos que aman, aunque estén muriendo de miedo. Nos llaman masoquistas porque no saben que “soltar también duele”, porque “dejar ir” requiere el doble de coraje y amor. Nos llaman masoquistas por seguir intentándolo, aunque todas las probabilidades estén en contra e incluso estén en menos cero (-0).
Somos masoquistas por intentar e intentar lo que ya “no puede ser”, somos unos masoquistas cuando dejamos que otros hagan con nosotros lo que deseen en “nombre del amor”, cuando seguimos escuchando palabras que “no tienen voz”, pronunciando verdades incesantes. Somos masoquistas cuando luchamos por tener lo que “no nos quiere tener”, viendo virtudes por encima de los defectos, aferrados a sentimientos que nos incendian por dentro. Somos masoquistas por apostar a las posibilidades (-0) cuando todo el mundo ya vio que se avecina un enorme desastre.
¿Somos masoquistas por seguir creyendo en el amor?
Si… ¡Somos unos masoquistas! y a veces, también unos tontos, vulnerables, locos, porque a pesar de que el tren del amor nos pasó por encima y nos despedazó, seguimos esperándolo con una sonrisa de oreja a oreja, seguimos abordando el tren con cada pedazo de corazón roto latiendo a mil, rumbo a una nueva estación, rumbo a una nueva parada que conlleve a “ser feliz”, aunque en el camino sufrimos; somos unos masoquistas porque seguimos en ese tren imparable, aún sin recuperamos del viaje anterior, nos movemos porque deseamos que en este nuevo trayecto algo nos pase, sin importar el destino, creyendo que esta vez si es “nuestra vez” para encontrar un poco de paz o quizás unas nuevas alas que nos ayuden a volar; y aunque “se supone” que iremos con sumo cuidado de no caer y estaremos más que atentos a que el tren no nos atropelle, se nos olvida que después de subirnos ahí, nada nos mantiene a salvo.
Nos llaman masoquistas porque entregamos todo sin importar cuantas veces nos dañen. Somos masoquistas porque en las noches infinitas, seguimos creyendo que somos ese “alguien por ahí” que de verdad ama y que algún día, “alguien por ahí” nos amara también. Nos llaman masoquistas por valorar de manera insólita a quien ya no le importamos. Somos masoquistas porque no importa que tan duros queramos lucir, o que tan fríos nos queramos comportar, con el amor no se puede combatir, el amor no se puede ignorar, el amor te ve, y te siente, con el amor siempre tendremos cuentas pendientes. Con el amor o se empata o se pierde, nunca se gana. Nos llaman masoquistas por no dejar que mueran las ganas de ser amado y amar.
¿Nos llamas masoquistas por seguir sintiendo amor?
Posiblemente. Pero… ¿Qué saben los otros de lo que la mente anhela cuando la cama está fría y vacía? ¿Qué saben ellos de lo que el corazón grita cuando nadie está cerquita? ¿Qué saben los demás de como baila el alma cuando ama de verdad? ¿Qué saben todos de cuantos sueños mueren después que nos dejan con los latidos en el suelo? ¿Qué saben ellos de lo mucho que se enfrían tus sentimientos después que te dejan el corazón desecho? ¿Qué saben de como se detiene el tiempo cuando el amor hace flotar los cuerpos?
“No saben nada”, la gente que no ama no sabe nada.
La verdad es que cuesta, cuesta mucho desprenderse cuando no te quedan fuerzas ni para sobarte las heridas, pero un día te das cuenta, que tú eres tu propia cura; y como un animal mal herido lames tu sangrado, hasta que se sequen las cicatrices.
Cuesta recuperarse cuando la vida se te va enredada en el alma de alguien más, pero un día abres los ojos, te alejas como puedes y que cada uno sobreviva con los pedazos del otro que le queden.
Cuesta rescatarse cuando los días se te pasan en un maldito mal viaje, pero agradeces el paisaje y aunque la fe se apague, pides deseos a las estrellas fugaces.
Cuesta curarse cuando nadie toca a tu puerta y el dolor aprieta, pero despiertas y aunque sea de mentiritas, vuelves a regalar sonrisas, porque a las malas es que notas que la alegría también llora.
Cuesta sanarse cuando te ahogas con un simple charco en tu almohada, probando la sal amarga de tus lágrimas, dejando que los recuerdos te acechen y fingiendo que nada duele.
Cuesta encontrarse después que te pierdes y nadie brinda un mapa que guie o te saque de aquella maldita travesía, pero tú trazas un nuevo camino, creas una nueva ruta, sin importar que no exista el destino y poco a poco sueltas aquellas palabras que tenías atoradas en la garganta.
Nadie te ve, porque el sufrimiento es solitario como la luna y frío como la lluvia, pero un día notas que el charco en tu almohada se secó, porque otra vez volvió a salir el sol. Las lagrimas se disuelven, y la luz vuelve, resurges, aunque dentro, todavía duele. Retornan las ganas de ser y estar.
¿Saben qué? ¡Si! llámennos masoquistas, pero… todos necesitamos el suficiente amor una y otra vez, ya sea para destruirnos o reconstruirnos. Ya sea para sentirnos vivos o medio muertos. Todos necesitamos el mismo amor una y otra vez, para luchar, e incluso lo necesitamos para rendirnos.
Hay que deshacerse del juicio de gente que no sabe realmente que es lo que en tu ser acontece. Atrévete a verte. A veces, hasta tu propia mente te miente, mantente fuerte. Baila. Y no te sueltes. No se olvidan cicatrices, ni se borrar errores, solo se aprende a ser mejores.
Entendiendo que nos quedamos sin garras, pero nunca sin alma. Porque como un gran amigo me dijo: “el amor está en ti, el amor está en mí, el amor está en él, el amor está en ella, el amor está en todos”. El amor no es más que un compromiso contigo mismo, le dije. El amor es un todo indivisible, dijimos.
¿El amor es química?, ¿el amor es física?, ¿el amor es alquimia?, ¿el amor es vida o tal vez muerte? ¿El amor es fuerza? ¿O debilidad? ¿el amor es ruido o más bien silencio? No hay forma de comprobarlo, nadie podría asegurarlo, lo único que tengo claro es que todos lo experimentamos distinto, y si hay algo que puedo agregar sería que: “no se elige, se siente”. El amor te elige, el amor te siente.
Y tú, que estas por ahí, y te identificaste con este escrito, o anteriormente, con algún otro, o con algo de lo que escribo, quiero pedirte un favor:
¡No te rindas!
Sigue creyendo, sigue insistiendo, sigue luchando, sigue sintiendo… Sigue amando el amor.
La vida sin alas se marchita.
-.Aksu.


Gracias por ser fuerza,
ResponderBorrarGracias por ser aquello que se necesita para no rendirse,
Gracias por ser amor
🙏🏽✨️🌠✨️
Gracias por leer.
BorrarGracias ser mi Fans.
Gracias por existir...
🙏🏽✨️🙏🏽✨️