Paradoja: Felizmente triste.
Un día amanecí injusta y confundida, tal vez delirando un poco, así que decidí ir por la felicidad. Tenía en mente secuestrarla para traerla a rastras conmigo, es muy difícil ubicarla y eso que ni siquiera se esconde, lo más curioso de todo, es que nadie sabía dónde encontrarla, nadie me daba pistas sensatas, busque y busque muchos días sin éxito, no la hallaba y eso me frustraba, todas las noches al ver la luna le preguntaba: cómo rayos era tan difícil encontrar la felicidad?, la luna a lo lejos solo me miraba, me miraba, me miraba, nunca dijo nada.
Un día amanecí herida y desdichada, tal vez sufriendo mucho, y seguía con insistencia en que debía secuestrar a la felicidad, como nadie daba respuestas, incluso me ignoraban la luna, el sol y las estrellas, decidí buscarla hacia adentro, y me perdí en ese laberinto de emociones que soy, me fue imposible verla. Pase varios días en eso. Hasta que un día desistí de esa idea tan absurda: secuestrar la felicidad? A quien se le ocurre?, bueno si, a mí, pero… y qué con eso?.
Un día desperté tranquila y en paz, tal vez en modo neutra, era una mañana normal, el sol no brillaba casi y el azul del cielo era medio grisáceo, salí a caminar por una avenida al azar, sin preocuparme mucho, y entonces la vi, un perro se le acercó y le ladró, ella solo lo acaricio, era etérea, casi invisible pero supe que esa era, mi corazón la intuyo (por suerte aún creo en la intuición), de pronto el pánico me atacó, no sabía qué hacer porque no tenía instrumentos para realizar “tan planificado secuestro”.
Yo la observe un buen rato, no tan de cerca por miedo a que me descubriera. La felicidad iba sonriendo a todo mundo, descalza, despeinada, medio escuchaba a lo lejos que le contaba cuentos a unos pocos niños que estaban cerca, habló sobre adivinanzas de pulgas y ranas, su voz se me hacía conocida, lucía sencilla, sin maquillaje, tranquila, los niños reían y sin darme cuenta yo también reía (ese tipo de risa contagiosa, que aunque no sepas bien de qué se ríen, tú automáticamente ríes), después de adivinanzas dijo varios chistes y terminó cantando canciones viejas de aves que vuelan cielos con tonos azules intensos…
La estuve vigilando de cerca, en la tarde fue al zoológico se sentó en un banco junto a un señor, estaban mirando jirafas, me tuve que acercar un poco para intentar oír de qué hablaban, escuché que el señor mencionó que la vida no tenía sentido sin su amada, mientras la felicidad le ponía una mano en el hombro y las lágrimas se secaba. Me quedé en shock. La felicidad llorando, ¿pueden imaginarlo?
Después de tanto dudar, cuando se quedo sola, me acerque lentamente, a primera instancia dije “hola” (como si todo fuera casualidad), pero muy dudosa (como quien se siente culpable de un crimen que aún no comete), y ella respondió “hola”, con una enorme sonrisa que iluminaba la tierra entera, le pregunté de dónde era? Dijo que del “interior”, yo en realidad no lo entendía mucho, pregunté ¿por qué siempre visitaba a todos menos a mí?, y muy sincera contesto que ella no visitaba a nadie porque no tenía tiempo, que la gente sabe dónde encontrarla. Le dije que todos lo saben, menos yo…
¿Cómo me has encontrado entonces? me pregunto, le dije que llevaba días haciéndole casería pero que fue pura causa perdida, que fue una gran casualidad encontrarla en realidad, ella me miró fijo y yo no pude distinguir el color de sus ojos, me perdí ahí, sentí que me leía los pensamientos, y que descubriría que mentía, tenía una mirada intensa que me desnudaba el alma, sus ojos tenían como una especie de candela que me quemaba por dentro, mientras intentaba escapar de su mirada me di cuenta de lo mucho que se me parecía a alguien, su cara me era muy conocida, sumida en mi memoria intentando descifrar de dónde la conocía, escuche remotamente como a lo lejos dijo “siempre ha sido así”.
Yo guarde silencio, no sabía de qué hablar con ella, o cómo actuar para raptarla, intentaba pensar en algo, cuando ella preguntó: con qué intención me buscabas?, y ahí comencé a nadar en pensamientos que me ahogaban sin hallar una excusa que me salvara de no contarle que la quería secuestrar, le dije lo primero que se vino a la mente: “es parte de la vida, ¿No?, eso de que todos buscamos ser feliz, y ser feliz significa ir tras la felicidad, ¿o no es así?”, ella dijo: “te equivocas, se puede ser feliz con cualquier cosa”.
Nos quedamos mirando un rato, de pronto me preguntó si quería ir a una fiesta, respondí que sí y dijo sígueme, caminamos por calles que no conocía, llegamos a un café, nos sentamos en una mesa en medio de la acera, se nos acercó un chico a preguntar qué queríamos? Ella pidió un café negro con dos de azúcar, y yo pedí uno con leche, más leche que café, aclaré; el chico sonrió y pregunto si me gustaban las mentiras? Respondí que NO obviamente, entonces dijo que: "si un café tiene más leche que café, es un café de mentira, sería una leche con café en vez de un café con leche, no te parece?" - inquirió -. Todos reímos, él me miró fijo y luego se marchó por nuestro pedido.
La felicidad me pregunto: cómo me sentía?, le respondí que muy bien. Llegó el chico con nuestros cafés y los dejó en la mesa, luego le pregunté: ¿no íbamos a una fiesta? Si - respondió ella - muy tranquila, y ¿por qué estamos aquí, bebiendo café? – quería saber - esta es la fiesta me dijo, y yo, bastante extrañada pregunté: no se supone que en las fiestas hay licor, música alta y mucho baile?. Ella dijo: "depende más de las perspectivas de cada quien"…
Probé mi leche con café y nos quedamos un rato en silencio. Entonces según tu perspectiva esta es una fiesta? - pregunté dudosa - La vida es una fiesta - me dijo - compartir es una fiesta, abrazar es una fiesta, sonreír es una fiesta, llorar es una fiesta, leer, oler y respirar es una fiesta, tomar café es una fiesta, todo es una fiesta…
Y parecía surreal pero cierto, tan cierto que me dió escalofríos, era inevitable aceptar y darle la razón porque la vida funciona de esa extraña manera: "De los ojos con que la veas". Me atreví a preguntarle: ¿a dónde te vas cuando estamos tristes?, Y ella dijo: no voy a ningún lugar, siempre estoy ahí, aquí, allá, solo que el sufrimiento, el dolor y la desesperación te ciegan e inconscientemente me aíslas, dejas de verme.
Dió un sorbo de café y continuó diciendo: el error humano es creer que lo abandonan, pensar que no puede salir de la tristeza solo, fallan al auto-juzgarse como si sentirse feliz fuera una obligación o sentirse triste fuera la peor sensación. Pecan cuando en medio del sufrimiento quieren alimentar la mente solo con el pasado, y dejan de intentar encontrarse a sí mismos, sonriendo por qué sí.
¿Te has sentido triste alguna vez? - pregunté -. "Felizmente triste" - dijo ella -. ¿Puedes profundizar? - sugerí- y se hizo el silencio, algo incómodo e inquietante, al cabo de varios segundos me dijo: esa es la clave, "la profundización del ser". La felicidad también llora, se pone triste y añora.
Sonó mi alarma y me desperté…
Todo fue un sueño me dije frente al espejo del baño. Y descubrí que su cara me era conocida porque era idéntica a la mía, y me sentí afortunada, pude volver a tener ganas de volar, como cuando escapas de prisión, me sentí nueva, pase de ser una muñeca que se quedó a vivir en la juguetería porque nunca tuvo un comprador, a tener claro que a veces es la misma vida quien demanda el caos.
No sé, a veces siento que tu mundo debe arder cada cierto tiempo, a veces lo podemos provocar nosotros mismos, o incluso la vida solita le echa fuego a todo. Y es ahí en el mismo instante en el que sientes que mueres o que paradójicamente te apagas.
De vez en cuando todo debe arder para notar que incluso el corazón late.
Secuestre a la felicidad, cuando la tuve cerca ella decía que no hacía falta tenerla de prisionera porque queriendo o no se iría cuando quisiera, y a que no adivinas? Cuando intente dejarla en libertad, se quedó a vivir conmigo por su propia voluntad. Bob Marley un día dijo: “El hombre es un universo en sí mismo”. Y yo le creo. Somos los únicos que podemos provocarnos cualquier tipo de sentimiento.
Tengo tantos deseos de volver a ser una chiquilla de nuevo, que me cuenten cuentos antes de dormir, y que me lleven a la cama cuando me quede dormida en el mueble, que me digan que nada de lo que pasa es por mi culpa… Rotos estamos todos, lo importante es no seguir rompiendo a otros. Y seguir intentando ser feliz a pesar de las grietas.
Al final, las cosas malas de la vida nos ocurren para transformarnos más que para lastimarnos.
-.Aksu.


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