La Mamá de los Estragos.
Fría como la Antártida
oscura como la muerte
y aunque a veces el sol la alumbra
ella nunca está caliente.
Dura e inestable,
demasiado indolente,
la mayoría del tiempo llora,
porque nadie se detiene a quererle.
Mal educada e intimidante,
incita a sacar tu instinto salvaje.
De festejo en festejo
obsequia un pedacito de lo prohibido,
sin embargo, nada le está permitido.
Poco se le ve alegre
y aunque te haya parido
ella nunca te dará abrigo.
No es la madre abnegada
que cuida a sus hijos.
Al contrario.
Es la madrastra malvada
sacada de Disney,
la que nunca quiso hijos.
A primera instancia,
da miedo y espanta
pero con el tiempo
entiendes que es el mundo
quién no le permite ser mansa.
Vive agitada y malhumorada,
la bautizaron Bogotá
hace más de 480 años,
yo en cambio,
la conocí hace muy poco
y la llamo:
“la mamá de los estragos”,
su corazón está congelado.
Nunca aprendió a colorear,
porque le encanta
salirse de la raya,
vive atorada en los grises,
a raíz de tantas cicatrices,
la paz le está restringida
y sus sentimientos
los secuestro la guerrilla.
Sin dudas y sin remordimientos
comprobé que
ella está hecha
para romper promesas,
para calcomer pensamientos
y volver pesadillas tus grandes sueños.
No sabe ser amiga.
Deseo de corazón que Dios te bendiga ciudad maldita.
-.Aksu.
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