El tamaño de la magnitud.
Ella llegó a mi
vida temprano aunque para ella parecía ser bastante tarde, y yo, yo quise dejar
de ser tan joven para intentar estar a su altura. Pero como demonios sumas años
a tu vida? Como diablos estas a la altura de alguien que ha vivido 15 años más
que tú? Como logras que confié en ti, cuando sabe que apenas estas comenzando
andar y tienes una lista de errores que rellenar?
Yo quería
aplacar sus temores y cuidarle, pero como aplacas temores cuando tú eres su
mayor temor? Como le cuidas cuando no sabes ni cuidarte tú? nunca pensé que
fuera tan difícil lidiar con eso de las diferencias de edad. Pero lo viví en
carne propia.
Ella, estaba en una
edad en la que ya no quería andar por la vida soltando más de sus pedazos y
dejándolos regados, ya no quería andar amaneciendo en cuerpos que no la abrigaran,
cuerpos que no conectaran con su alma, o cuerpos que conectaban pero de algún modo
al final siempre la dañaban, ella estaba en esa edad donde quería “hacer las
cosas bien” al menos por una vez. Ella estaba en la edad donde debes enamorarte
de mentes en vez de cuerpos calientes, en la edad de llevar el amor con calma,
porque el exceso de azúcar la dejo en un diabetes emocional donde se acostumbró
a lo ácido, prefería mil veces un adiós amargo que volver a necesitar un dulce néctar
de amor.
Y yo, amigo yo
estaba en la edad de la locura, esa edad donde crees tener el mundo en tus
manos, andaba por ahí dando tumbos, sin sueños, ni nada más que ganas
incontables de experimentar, beber, follar, bailar y volar, ahí, en eso se
resumía mi magnifica vida. Estaba en esa edad donde no tienes ni puta idea de
que amar es una patología difícil de controlar, te ciega, te quita la razón, te
transforma, que mientras más ganas tienes de hacer las cosas bien es cuando más
te equivocas. A mi corta edad descubrí que el amor es una enfermedad muy
similar al asma, donde te cuesta respirar y te tranca un montón de veces el
pecho, pero que con el tiempo, el tratamiento correcto te enseña a vivir con
eso, sin importar que tanto tengas el corazón desecho.
Edades desiguales. Alma rota. Un amor en contra de la incomprensible
sociedad.
Hey! Presta
atención, voy a contarte esta historia. Pero antes grava esto en tu mente: “El
amor es lo único digno que todos merecemos” (aunque lamentablemente el destino
es medio caprichoso y cruel, muy cruel).
La conocí en un
bar (y es extraño porque nunca imagine que cupido pudiera andar en un bar
lanzando flechas), o quizás él también estaba de fiesta y solo nos flecho por
coincidencia, o puro accidente, de esos accidente que solo pueden cometerse cuando
se es un borracho atolondrado e imprudente. Pero quién sabe eh?. En fin, después
hablamos sobre cupido, hoy voy a hablarte de mi historia con ella.
Esa noche nos miramos
el uno al otro con temor y el frío en sus ojos me congeló. No te voy a decir
que la conquiste porque al principio ni me esforcé, solo la invite a bailar y
cuando aspire su olor, juro que quise detener el maldito tiempo y desaparecer
al resto de las personas del lugar, éramos dos extraños bailando, pero a mí me
parecía que la conocía de años, joder, que no habíamos bailado ni dos piezas
cuando empecé a sudar como un desgraciado, como si estuviera en un maratón de 150k
y las piernas me empezaban a temblar, tenía atorado un tornado de palabras
ahogándome la garganta, ya empezaba ha costarme respirar.
Dejamos de
bailar y paramos en la barra. Solo invítale un trago, un trago fuerte y amargo
que te ayude a soltar las palabras que necesitas (pensé). Pero que va, por
suerte, ella hablaba sola, parecía una loca, a decir verdad yo casi ni la
escuchaba, estaba como down, me hacía reír y me embobaba el doble, ella tenía
una sonrisa como la nieve: fría pero impecable; mientras más se reía, a mi más falta
el aire me hacía (claro, olvide tomar mi medicamento para el asma).
Bailamos y
reímos toda la noche. Era un momento de falsa gloria. Y digo gloria falsa porque
cuando tienes 19 años y conquistas a semejante mujerón, tú te crees “el rey del
arroz con mango”, y joder, que creas un clima de respeto entre los chavales con
los que andas de farra que te hace sentir insuperable, gigante e importante; y
digo falsa gloria porque ahora sé que la verdadera gloria es poder amanecer
junto a ella, entrelazados de piernas y si tengo un poco de suerte mirar sus
ojos de hielo todas las mañanas, mientras ella solo soba mi cabello y me besa.
Indiscutiblemente
con el tiempo, mis brazos se volvieron su guarida, su sonrisa me refrescaba la
vida, su chispa era como aire para mis pulmones, “tus besos saben a vida” me decía,
a una dulce vida que desde hace rato le apetecía. Su compañía me devolvía paz,
una paz que nunca había tenido pero que vivía extrañando y necesitando. Ella,
se limitó a mantener las distancias intentando evitarle un rasguño más a su
alma.
Y yo, yo no hice
otra cosa que abrigarla, quería ser su luna nueva, su mar, su arena, quería ser
su estrella, me ofrecí a ser su todo, su libro favorito, que se yo, su canción,
su refugio, su perdición, deseaba ser más que un crio imprudente gritando al
mundo todo lo que siente, quería ser más que un tío de 19 años enamorado por
primera vez; esperaba ser fuerte como ella, quise ser un mago para borrarle el
pasado y ponerme encima unos cuantos años, pero sobretodo, quería ser pintor
para poder pintarle un futuro. Pero que va, la vida no da para tanto, la vida
es otra cosa.
No sé ni cómo
llamar lo que teníamos, pero nuestros “raticos” se volvieron infinitos. Aunque
yo estaba queriendo más, más que sexo y salidas a corto tiempo, estaba
queriendo eternidades, queriendo momentos inolvidables, queriendo más de lo que
me pertenecía, queriendo más que besos fugaces, queriendo más que abrazos por
las noches, queriendo más que un “te quiero” al oído cuando ella piensa que estoy
dormido.
Ella vivía
luchando para no clavarse en mi vida (pero la vida no te pregunta si quieres o
no, la vida solo te clava y te desclava cuando cree que lo ameritas); y ella, ella
estaba limitándose a no imaginar un futuro conmigo, poniéndomelo todo difícil, tratando
de mantenerse al margen para que no le tocara el alma, apartada, vivía en un
abismo de miedo y no se atrevía a saltar, encerrada en una montaña de dudas que
no la dejaban darse cuenta que yo podía hacerlo diferente, inconsciente de que esto
del amor “no es cuando quieres, a veces es cuando llega”.
Pero como le
muestras que eres diferente a alguien que lleva escuchando cuentos desde que
era una adolescente? Como logras que confíe en ti si en realidad ni tú mismo
confías? Como le amas el alma a alguien que la tiene estropeada y rota? Como la
reparas? Como le pintas un futuro a alguien que no distingue colores y solo ve
grises?, el amor no es del color rosa como algunos libros lo pintan, el amor no
es todo felicidad como algunas películas muestran, el amor es una suma de
derrotas dividiéndolas entre las victorias elevándolo todo a la perseverancia,
y yo, yo era muy malo en matemáticas.
Ella apareció en
mi vida cuando yo estaba perdido, pero joder, como puedes ser un hombre
centrado con 19 años? Que uno a esa edad no va pensando en un plan de vida, que
uno solo va viviendo y aprendiendo de ello. Que tampoco es que uno anda por la
vida planeando cada movimiento, planificando cada momento, no que va; uno va
por la vida tropezando con amigos, caminando al revés, sin escoger un tipo de
ropa, ni un lugar favorito o un sueño incumplido, uno solo va revolcándose con
amantes, sin preguntarles edad ni mucho menos nombre, nada, solo se hacía lo
que se debía y cada quien seguía con su vida. Uno iba por la vida así, torpe, creyendo
que todo tiene un precio, sin saber que cuando pierdes, hay precios tan altos
que no puedes pagar con dinero.
Pero de pronto
la conocía a ella, y quise ser poeta, ir por la luna y traérsela, recorrer el
puto planeta agarrado de su mano, quise ser luz y alumbrarle la vida, quise ser
la almohada que en la noches secará sus lágrimas, un centro, quise planear cada
momento, crear un nuevo universo e irme solo a vivir con ella, quise caminar
derecho, dejar de dar tantas vueltas, quise crear un jodido plan de vida, crear
un futuro, que se yo, quise demostrar que a los 19 se puede ser más que un
precipitado chico enamorado. Nunca supe que era tener el mundo en las manos
hasta que la tuve a ella entre mis brazos.
Una de esas
pocas noches en las que ella durmió en mi pecho después de hacer el amor, yo
escuche el latido de su corazón y le di besitos lentos en los dedos, bese su
frente como diciendo “nunca me dejes” (cosa que nunca entendió), ella solo dijo
que la hacía sentir diferente, poco a poco cerro sus ojos y se durmió; en la
mañana, antes de salir beso mi mejilla (como de costumbre) y repitió muy bajito
“te quiero” cerca de mi oído (tan bajito como para que no la escuchara), pero
la escuche, como todas las veces anteriores; y eso amigo, eso era lo que me daba
ánimo para levantarme todos los días de la cama a inventar una nueva estrategia
que me permitiera llegar a ese “algo más” con ella. La escuche cerrar la puerta
y supe que se había ido, pero ese día sentí un rechinamiento dentro, y entonces
comprendí que ya no quería más de aquello, no quería que se siguiera yendo, que
el momento del saltar el abismo había llegado, y como ella no podía, debía
hacerlo yo. La estaba queriendo y ella se estaba dejando querer. No hacía falta
más.
Esa mujer se
convirtió en las 7 maravillas de mi mundo, así que comencé a recolectar los
utensilios necesarios para atravesar aquel abismo (amor, fe, confianza,
perseverancia, paciencia, honestidad, solidaridad, respeto, tolerancia,
comprensión, lealtad) y así, poder tenerla lo realmente cerca que deseaba. Yo
veía en sus ojos la otra mitad que mi alma loca estuvo buscando. Ella era ese
“no sé qué” que complementaba mi vida. Estaba cansado de su discurso filosófico
de la diferencia de edad, el lío de “que va a decir la sociedad?”, y bla, bla,
bla. Ya no quería seguir con eso, no quería acostumbrarme a su costumbre de no
involucrarse, como si fuéramos un pecado imperdonable, como si amar fuera un
error. Que va. Pero entonces lo
descubrí, descubrí que “más que tenerla cerca, debía merecerla cerca”.
Las cosas se
pusieron muy difíciles, pero luche, luche con todas mis fuerzas, cruce el
abismo, y le plante Fe para que escalara conmigo aquella montaña de dudas que la
cegaban. Juntos descubrimos que no puedes sentarte a ver como el destino te
mueve, como si fueras fichas de ajedrez, que para saber que mereces y que no
mereces primero debes atreverte; porque el destino, delante de todos siempre
apostara en tu contra, pero a escondidas, sin que nadie lo vea, se juega una
buena pasta por ti y tu no te das cuenta porque vives creyendo en “vamos a
dejarlo todo en manos del destino”, como si el destino no tiene más vidas que
arreglar.
Yo era ajeno a
como se debe vivir, pero juro que lo único que quería era protegerla. Sentí la
necesidad de enseñarle como aun con diabetes un poco de azúcar no te quita la
vida. Ella era ajena a las emociones, aun así, supo domar mi incontrolable alma,
en sus brazos consiguió darme un alojamiento, y en su pecho me mostro que el
aire siempre sobra, que lo que en realidad muchas veces nos tranca es la
desesperación al no encontrar el inhalador para calmar el asma.
Y tranquilo
amigo, que no te digo todo esto para que salgas corriendo a enamorarte de
trompadas, ni para que tengas un estilo de vida como la mía. Porque cada quien
que viva sus experiencias, no?.
Pero si debes
comprender que no se puede comprar un atardecer, que lo que dejas pasar puede
ser tu mejor café, y una noche al acostarte y no tengas quien te abrace entenderás
que la vida se nos va enmarañada en los demás, pero eso no debe ser una
limitante, nunca se puede escoger bien o escoger mal, solo hazlo: arriésgate y
vive. Y recuerda: si te topas con alguien que te inspira a creer en “algo más”,
o a crecer, enmaráñate ahí, y nunca dejes de insistir.
Bueno para
concluir… Quisiera contarte que ella fue una cobarde y no se atrevió amarme,
quisiera decirte que el amor solo sirve para enfermarte y dejarte padeciendo el
resto de tu vida, que no debes enamorarte y prevenirte de ese privilegio hermoso
y doloroso que es amar, pero no, no puedo porque el amor es una energía
inexplicable amigo, y un día cualquiera entenderás que si la tienes te da vida,
pero si no la tienes te la quita. El amor es el agarre. Te hace invencible, te hace
creer, te hace volar; el amor amigo, el amor es tan invisible y poderoso al
mismo tiempo que no debemos temerle. Debemos agradecerle. Pero sobretodo, no te
puedo decir lo que quieres escuchar, porque ella me amo, tanto o más que yo a
ella.
Y al final, no
te preocupa si se va o se queda. Pero el miedo ya no te aleja. No dejes que el
miedo te cohíba de vivir tu más grande aventura. Haz sentido alguna vez miedo a
quedarte solo? Yo sí, lo sentí un montón de veces y aun lo sigo sintiendo, ya
después lo veras como algo normal. Pero ahora tengo 73 años, y ella tiene 88,
de los cuales lleva 2 de muerta, y quisiera decirte que ahora mi vida es muy
amarga, pero no, solo voy a decirte que atravesando la desesperación ves las
cosas de la forma más sensible. Pero quién es sabio para tomar decisiones
correctas? Quién es Dios para evitar que algunas cosas sucedan? Quién es
profesor para enseñar lo aprendido?
Compartió 54
años de su vida conmigo, y es algo que nunca cambiaría por nada, me dio dos
hijos. El amor nunca será una causa perdida, y no importa si tengo o no tengo
razón. Es la droga más peligrosa, pero no hay forma de medir su tamaño ni un
peso que pueda pesarlo, no hay escala con que compararlo, no hay límites donde
encerrarlo, nunca sabrás el tamaño de la magnitud hasta que lo sientes, y te
conviertes en “la magnitud”, debes vivirlo, experimentarlo, tomarlo.
Ella se enamoró
de este desastre, me tuvo paciencia y yo le tuve amor. Me faltarían palabras
para describirte todos estos años a su lado, me faltaría tiempo para redactar
cada aventura, cada enseñanza, cada primera vez que tuvimos en conjunto, y
aunque ya no está, me sigue faltando el aire cada vez que respiro y no la tengo
conmigo.
Nadie sabrá nunca con exactitud cuánto mide y pesa un corazón, hasta que lo siente palpitar en su mano.
Nadie sabrá nunca con exactitud cuánto mide y pesa un corazón, hasta que lo siente palpitar en su mano.
Una historia con final feliz?
Continuara…
Amar
es lo único que nos acaricia por dentro.
-.Aksu.



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