¡Un bicho raro!

Cuando me preguntan en qué me inspiro para escribir, me quedo callada. Y no porque no lo sepa, sino que a mí misma me es difícil entenderlo. La mayoría lo toma como si de verdad los escritos no son míos, que me los plagio, los descargo, o sabrá Dios qué demonios pasa por la mente de los otros.

Nunca lo digo porque no hay forma de explicarlo, la inspiración llega del mismísimo  infinito, al mirar el azul del cielo, estando sola o atrapada en los besos de un fulano, puede llegarme al sentirme aplastada por mirar la casa vacía o al soñar que puedo volar, me llega cuando imagino que el mundo no tiene otro de repuesto y que es hora de empezar a cuidarlo, me hiere cuando me abraza el desamor y me desborona la nostalgia, aparece cuando estoy dando brincos en la pista de baile de una disco, cuando estoy loca, amando la vida sin aliento o ingiriendo licor para intentar engañar al cerebro.

Nunca lo revelo porque a los pocos que se los he dicho se me quedan mirando como si yo fuera un bicho, ¡si un bicho raro!, un bicho raro que no puede sentir todo lo que escribe. Y ninguno se imagina que soy el bicho raro al que le gustaría detener muchas veces todo el maldito tiempo y salvar al mundo entero, un bicho raro que da mil veces aunque nunca reciba, un bicho raro que busca una salida de toda esta creación material que me ahoga, la superficialidad en la que está sumergida el planeta me causa claustrofobia y escribir es la única forma que encontré de respirar.

Todos pensaran que vivo cada una de las historias que escribo, se imaginan? Mi nivel de experiencia estuviera al máximo, y lo aclaro: no todos los he vivido pero todos si los he sentido, porque una cosa es vivir y otra es sentir. Y aunque he vivo poco me despedazo a diario sintiendo tanto.

A cada punto, a cada letra, a cada palabra, a cada significado, a cada moraleja oculta, a cada pasión, a cada sentimiento plasmado le coloco una pizca de magia, lo has sentido? Porque a veces no hace falta vivir mil aventuras hace falta sentirlas. Y la mayor parte del tiempo, me desoriento, siento que soy un punto blanco dentro de la acuarela negra, y ese mínimo gris que se forma, es la esperanza, que lo va aclarando todo.

La inspiración me llega en la calada de un cigarrillo sin importar que yo no fumo, me aborda en un hospital, a mitad de las lágrimas con la muerte cerquita deambulando por esos pasillos. Me alcanza con la luz del sol por la mañana, me invade cuando estoy a punto de aventarme al vacío. Me toca en medio de un apretón, me sacude al final de una mala decisión. Aparece susurrándome mentiras, me levanta después del fracaso y me escucha cuando el mundo se vuelve sordo y poco interesante.

Me encuentra en una estación del metro, navegando entre mi orgullo, confundida en la traición, aparece cuando se me va la voz, cuando estoy sufriendo o respirando la paz del mar, me asfixia cuando me cuesta avanzar, me sorprende en medio de una sonrisa, y me aturde cuando la lluvia no cesa, me asusta con relámpagos de verdad y me quiebra lentamente para poderme sanar.

Ella es así, invisible, ruda, sensible, bonita, es veloz, capaz, fugaz, mortal y al mismo tiempo inmortal, es sincera, retrechera, terca, malcriada, infinita, maleducada, sencilla, imparable…

Y como le explico a los demás que me gusta ser ese bicho raro? porque sí. Me gusta ser ese bicho que se la pasa persiguiendo imposibles. Soy como un vehículo a 200 km/h donde escribir es mi gasolina y reír es el único freno que le pongo a mi vida. Porque algunas veces siento que nado en agua helada, pero aun con los huesos congelados sigo en movimiento. Porque la única meta siempre será “continuar”. Como les cuento que la inspiración me llega cuando el miedo me encierra en su burbuja y no hay ninguna aguja que la espiche para escapar?.

Pero calma, que ni si quiera les estoy pidiendo que me entiendan.

Soy un bicho raro, ese que no duerme cuando alguien lo necesita, un bicho raro al que se sienta hacerle compañía a la luna, un bicho raro que se pierde, un bicho raro que hizo su camino al andar, colisionando, un bicho raro que aprendió a ser fuerte porque en el mundo no hay mucha vida para los débiles. Un bicho raro que tropieza con piedras y se memorizo el camino para no volver a chocar con ellas. Soy el bicho raro que siempre termina la partida sin importar que la pierda.

Un bicho raro que añora lo que ya no se puede cambiar, un bicho raro al que la inspiración lo abraza cuando le está temblando el alma.

Soy un bicho raro que a pesar de lo malo, se tiene a sí mismo y quiere seguir creyendo ciegamente en las ilusiones, un bicho raro que le sobra valentía para gritarte en la cara que tiene un millón de defectos, pero y qué? si eso no ha sido impedimento para materializar proyectos, mantenerme en pie y seguir luchando por lo poco bueno que mantiene al mundo girando.

Hola. Soy el bicho raro que aprendió a vivir con el alma rota. Y mi sangre es roja como la de un humano cualquiera y mis lágrimas son saladas como las de todos los niños que chillan cuando caen y se raspan las rodillas; soy el bicho raro que se mantiene vivo a punta de sueños, el bicho raro que decidió soñar con los ojos abiertos, el bicho raro que gimotea y se desploma muy a pesar de que no espera que alguien se acerque con intención de repararle, sino más bien con intención de quedarse.

Aquel bicho raro que se formó sacando lo mejor de cada decepción, ese bicho raro que sin tener nada es feliz con todo, el mismo bicho raro que se transformó cuando comprendió que se pierde la vida detrás de la perfección, ese bicho que brindo luz cuando su vida parecía estar apagada, un bicho raro que evolucionó de golpe, y entendió que el dinero da para comprar una inmensa mansión, pero no alcanza para pagar el amor.

Soy el bicho raro que dentro de la desgracia brilla positivamente!


Pero aún me falta más…
-.Aksu.

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