GANAS.
Esas ganas de luchar para volver a ser feliz,
vienen y van. Porque después de un tiempo, uno va por la vida indecisa, con el
ojala en la mente, el ojalá encontremos a quien crea que para llegar lejos en
su vida, sólo tenga que estar cerca de la nuestra, el ojalá nos amen como
amamos, el ojalá nos cuiden y no se aparten, el ojala nos dañen pero también tengan
el suficiente valor de quedarse a sanarnos, el ojalá los momentos agradables
fueran interminables y nunca acaben, el ojalá siempre gane el corazón y nunca más
la razón.
Hay días que entran ganas de que aparezca alguien
y nos sobe las heridas, esas heridas que sus propios autores no supieron sanar,
que aparezca alguien que encienda las luces o unas cuantas velas pero que
alumbre, que nos aleje de la oscuridad, alguien que se convierta en el faro que guíe nuestro barco, o alguien que simplemente le eche alcohol isopropilico a
todas las heridas y nos saque toda la maldita infección que llevamos dentro,
porque sin darnos cuenta nos engañamos a nosotros mismo, nos podrimos, nos
ensuciamos y vamos por la vida infectando a otros sin notarlo.
Sembramos ojalas para continuar con la fe de que
algún día crezcan, y que las raíces permanezcan, con la esperanza de que con
una dosis de buena actitud nuestros ojalas florezcan y den frutos de certeza, de
verdad, de realidad…
Eso sí, no se confundan, esas ganas no son para
desear un amor bonito con puros ratos felices, y el “vivieron felices por
siempre” como todos los cuentos de princesas… no. No es así. Esas ganas son de
toparse con un amor de esos que enfrentan infiernos, demonios, extraterrestres,
tormentas o terremotos y siguen juntos, apoyándose, queriéndose,
comprendiéndose; un amor de los que no huyen.
Un amor
que se mantenga siempre cerquita, que se te defiendan, que se consuelen, que
aunque no se entiendan no se alejen, un amor con el suficiente valor de hacerte
poner de pie para que observes que el sol siempre vuelve a resplandecer, un
amor que no necesite explicación ni razón.
Un amor donde la única regla sea AMAR, amar
contra viento y marea, contra tempestades, contra nostalgias pasajeras, un amor
donde siga eligiendo el sentimiento, un amor que nunca se interponga en lo que
el corazón prefiera, un amor donde estrictamente sientan tanto interna con
externamente. Un amor que antes de aparentarlo puramente sea, que aplique, que exista.
Un amor de almas, que a pesar de que algún día lleguen
a estar separadas, se sigan amando intensamente sin importar que ambas estén
perdidas, esas almas no se preocupan por volver, esas almas no se quejan si
aquel amor no pudo ser; cada una de ellas seguirá su ruta, y seguirán viviendo,
seguirán sintiendo, hasta el momento de su nuevo encuentro. Que tal vez sea un
encuentro breve, un encuentro corto en tiempo, pero duradero en sentimiento.
Tal vez mi
crimen sea idealizar, amar de más, o ilusionarme de más, pero ya no le paro, la
cosa da igual, porque eso no es algo que uno pueda controlar.
Porque eso es a lo que todos queremos llegar,
llegar a incrustarse en las emociones de alguien más, a crear un súper amor que
ni ellos ni ningún villano pueda derrotar, un amor que llegue a tatuarse debajo
de la piel y que duela, que duela mucho, que duela muchísimo pero que no nos
mate, que no nos apague, al contrario, que nos reviva, que nos alumbre.
Esas ganas de que aparezca alguien que te ponga
el mundo de cabeza, que te alborote todas las ideas, que mueva las piezas, que
desordene tus inspiraciones, que incremente tus sueños, que te haga creer en lo
imposible, y que lo difícil sea una atracción, un impulso, una motivación;
alguien que te recorra, y recorra el camino contigo, que no te suelte, que
entienda que no se trata de nunca más sentir tristezas, sino de seguir siendo
feliz en medio de ella, sin esconder sentimientos, sin ponerle ningún nombre ni
adjetivo de definición lógica, que sea lo que ambos quieran y que no proclamen sentimientos
falsos.
Esas ganas nunca se deberían desvanecer. Pero
recemos porque ojala más nunca vuelvan a doler aquellas viejas canciones y no
nos pesen tanto los recuerdos que llevamos al hombro.
Ganas de que aparezca un amor, sin importar que desenfoque.
En el espacio que separan nuestros cuerpos,
se esconden los te quiero indecisos...
-.Aksu.



Comentarios
Publicar un comentario