Se marchitó.

Un día desperté y me di cuenta que el deseo que recorría mi cuerpo cuando te veía se había ido. Y me preocupe, porque comenzó a instalarse de nuevo el frío, tapando mis poros, evitando que transpirara tú amor. Ese fue el primer síntoma que apareció.

Un día sentada junto a ti, viendo la tele me di cuenta de lo aburrido que se había vuelto todo, nos había dejado huérfanos la simpatía y la diversión desapareció, en su último intento, se escondió en el armario con la esperanza de que juntos emprendiéramos una nueva aventura en busca de ella. Pero no lo hicimos. Ese fue el segundo síntoma.

Una noche no podía dormí y te escribí con la intensión de recibir de ti la dosis de calma que siempre me dabas, en lugar de calma recibí un abismo y un aventón al precipicio del desamor de un ser que estuvo durante años conmigo, del cual no me di cuenta en qué momento se convirtió en un completo desconocido. Ese fue el tercer síntoma.

Esa misma madruga sin poder dormir, me levante, encendí la luz de la sala, camine hasta la nevera por algo para masticar y me senté en la PC, comencé a escribir esto que ahora leen, y entre tanto le escribí una carta al desconocido que me había hecho feliz algún día:
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Caracas 12 de mayo de 2016.
Hola desconocido,
    Sé que ya no me conoces pero créeme que solías hacerlo, al 100%, como nadie más en este mundo. Sabías que amaba la libertad pero de vez en cuando me volvía prisionera de unos besos, sabias que sueño con ir un día a parís, que soy más terca que cualquiera, que me gusta escribir, reír y dormir. Me presento, tengo por nombre aksu, voy a contarte una historia, será breve, no quiero incomodarte ni aburrirte con ello, pero aquí voy...
   Hubo una época en la que mi alma estuvo fría, tan fría como los témpanos que viven en la gran Antártida, así me encontraba yo junto con mi alma. Helada y sola. Un día cualquiera llego un ser tan cálido que sin darme cuenta comenzó a pasearse por ahí, descongelo todos esos icebergs, dejando en su lugar un terreno baldío que decidí aprovechar; compre semillas de comprensión, semillas de alegría, semillas de valentía, compre semillas de tolerancia y fertilizantes para extinguir las posibles malezas que aparecieran; sembré  todas las semillas en el mismo hoyo, y fui dedicándole tiempo hasta que de pronto todo se volvió primavera, era tan fácil mantener aquella matica llamada “amor” viva y reluciente, todos los días conversaba con ella, la regaba  diario, coloque paraguas para protegerla de los fuertes rayos del sol, le suministraba agua para nutrirla y le cortaba a tiempo aquellas asperezas como la apatía, la arrogancia y el egoísmo.
  Te cuento que en aquella época esa persona que me descongelo me ayudo a mantener vivo y bonito aquel jardín que había sembrado, renacido de su cálida presencia, de pronto se abrieron puertas y ventanas para que el viento y el sol entraran; y él dichoso poderoso hombre que derritió pedazos de hielo gigantes se instaló a vivir en mí, ahí justo en el centro de mi alma, cambio coordenadas de mi brújula, cambio los estados de mis climas, dándome motivos y regalándome aliento.
Me hacía sentir escalofríos de felicidad al tocarme, me hablaba y era como música para mis oídos, me hacía fuerte al escuchar su voz, se hizo indispensable estar junto a él, era ese pedacito de cielo azul entre tantas nubes grises… se convirtió en mi playa secreta, era la paz dentro de la guerra, era mi café con leche en las mañanas calientico y dulcito, se convirtió en la atmósfera que me protegía durante los giros que daba mi vida, y juntos nos explorábamos, nos descubríamos, nos recargábamos.
Cuando hacíamos el amor me sentía en otra galaxia, era dueño de mi piel, flotábamos al amar, sin gravedad, se incrusto tanto que fue apoderándose de todos mis sentidos, sabia como tocarme y donde hacerlo, recorría los rincones de mi cuerpo, de mi alma y de mi ser, despertando y descubriendo todos mis puntos débiles, era un delirio besarle y perderme en aquellos labios…
Era chocar nuestros cuerpos y desvanecernos, sentía como se caía el mundo en pedazos y yo vivía entre sus brazos, era mágico, lo seguía a cualquier lugar con los ojos cerrados, éramos dos estrellas perdidas regalando luz a nuestras oscuridades, éramos dos corderos evitando ser sacrificados, huyendo de todo lo que nos hiciera prisioneros de una realidad absurda, nos dejábamos llevar sin preguntar, con la plena confianza de que tomar la mano de alguien bastaba para volar.
Ahora bien desconocido, esa es la primera parte de mi historia, sé que debes estar preguntándote porque te cuento todo esto, y la respuesta es porque no sé bien en que momento te instalaste a vivir en esa cara y en ese cuerpo. Te cuento que el cuerpo que habitas era mi lugar favorito en todo el mundo, era el único cuerpo que me daba energía, el único cuerpo que me daba alegría, era el único cuerpo en el que quería pasar el resto de mi vida, pero tu llegaste hace un tiempo, no sé bien de que planeta o de que galaxia, pero estas ahora mismo dentro de él y suena raro al pronunciarlo pero sin darte cuenta me haces daño.
Llegaste y me pusiste a pensar más de la cuenta, todo dejo de ser certero y comencé a dudar, a analizar; me parece curioso que sigo viendo el mismo rostro pero descubrí que eres un desconocido, entre tanto me di cuenta que aun teniendo el mismo cuerpo, la misma cara, los mismos ojos, los mismos gestos, sigues teniendo las mismas manos, los mismos brazos, el mismo cabello, la misma lengua, sigues teniendo el mismo pecho, la misma voz e incluso la misma sonrisa.
Lo único que no tienes querido desconocido es la misma alma, y  con tu llegada me di cuenta que los cuerpos son el medio de transporte en el cual viajan las almas, y que yo, yo me enamore totalmente de aquella alma, ando como loca queriendo hallarla de nuevo, te he dado oportunidades creyendo que en cualquier momento deshabitaras ese cuerpo y encontrare lo que tanto busco, llegue a pensar que tan solo se había ido de viaje, así como cuando cualquier mortal toma  sus maletas y  agarra unas vacaciones, así de ilusa mantuve esa idea tonta en mi cabeza.
Pero sabes algo desconocido? llevo tiempo intentándolo todo sin obtener resultados, me di cuenta que esa alma no se fue de viaje, ni tomo vacaciones ni va a volver, me di cuenta que no me importa tu voz, ni tu rostro, me di cuenta que la genética permite que el cuerpo humano cambie y evolucione, eso es algo irrevocable, pero me hallo ahorcada en una incógnita pensando: qué hace que un alma emigre de un cuerpo?, sigo sin tener respuesta para eso, por eso me hallo aquí, en plena madrugada escribiendo este intento de versos que me permitan mantenerme en el universo, componiendo historias mientras poco a poco voy descomponiéndome por dentro.
He llegado al final de mi historia desconocido, y sabes? quiero preguntarte el motivo o la razón por la cual decidiste ese cuerpo entre millones de cuerpos que existen en el mundo? Si sabes que se siente tener a alguien cerca, viendo el mismo rostro, pero desconociendo completamente el alma que habita ese cuerpo? Si no lo sabes, no sabrás nunca como me siento…
Voy a ser cordial desconocido, me voy a despedir de ti, con la ilusión de que desaparezcas y algún día me topé con mi alma perdida de nuevo.
Aksu.
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Hace tiempo que siento que algo raro pasa entre ambos, ya no me aceleran tus palabras, ya no siento lo cálido que era abrazarte, algo anda mal, veo tu ojos pero no reflejan paz, escucho tu voz y no me causa cosquillas. Quise saber que ocurría y te encare, pero discutimos e hicimos el amor, y se mezcló la rabia con el amor, sentí el disparo en el corazón, porque ahí estaba de nuevo mi alma perdida, matándome y resucitandome, ese se volvió el único lugar donde la encontraba, en tu cama o en la mía, desnudos, entregándonos con pasión.

La encontré, y desee poder quedarme en esa cama para siempre, no me importaba que tus ojos no reflejaran paz, no me importaba que tu voz no me causara cosquillas, no me importaba que discutiéramos a diario siempre y cuando yo encontrara a mi alma perdida en tu cama o en la mía, me volví adicta a hacerte el amor, tapando todo los huecos que iban abriéndose en el barco para hundirlo con aquello que sentía cuando te tenia.

Otra noche de insomnio me di cuenta que no podía estar lejos de ti, pero que ya no había emoción al seguir estando cerca, me propusiste comenzar de nuevo y  accedí solo pensando en que iba a volver a ser feliz, por eso resistía, invertía la poca fe que tenía en eso, en recuperarnos, en salvarnos, le puse suero a mi esperanza para que me ayudara a mantenerme fuerte, pero no fue suficiente.

Una tarde cualquiera viendo mi rostro en el espejo note que el amor no estuvo ahí, me dio pena, me dio tristeza porque en su lugar vi algo desconocido, vi un jardín marchito, sin flores, sin césped, sin mariposas… me hice la ciega, la que no lo estaba viendo porque yo misma había sembrado esas semillas ahí, yo misma la había regado y podado sus flores, era imposible que todo habría muerto, así, de la noche a la mañana, sin explicaciones…

Un día caminaba de tu mano y note que tu mano ya no contenía la fe, yo me volví frágil, tanto que tus palabras me abrían, perdía la guerra diaria, me engañaba pensando que estar en aquella cama contigo me recargaba la energía que desaparecía, pero no fue así, mientras más intentaba más gris se iban volviendo los días, mientras más caminaba contigo a tu lado más desorientada me conseguía, y no te voy a mentir, me dolía, me dolía, me dolía.

Un día desperté y me di cuenta que tú ya no eras tú, que tu esencia se había desvanecido, que te habías convertido en lo que yo quería que fueras y que por eso ya no tenía nada más que hacer contigo, me di cuenta que perdiste tu simpatía tan carismática, no sé cómo fueron despareciendo tus cualidades, tus características, perdiste tu buena vibra… y me aparte, con los errores en el hombro que no me dejaban volar.

Llorando en lágrimas saladas anduve perturbándome la mente, preguntándole al destino como era posible que aquel fuego tan gigante se hubiera desvanecido?, el miedo se fue apoderando de mis huesos, vivía en silencio, vivía en entre cruzar la raya y aguantar otro golpe, o aventarme al riel para que el tren me pisara, era un suicidio meterme otra vez en aquella tormenta; camine y camine, sin ningún rumbo, saboreando el peligro, sin ningun superhéroe que pudiera rescatarme, tragándome los recuerdos, desechando memorias, quemando momentos, sintiendo como el fuego me convertía en cenizas.

Un día desperté y me di cuenta que la misma tierra donde estaba mi jardín estaba llena de malezas, que ningún fertilizante me iba a permitir volver a podarlo, volver a regarlo, volver a darle vida, me tome un segundo para recordar lo que fue, lo bien que se sentía estar ahí; me tome un segundo más para conmemorar los buenos tiempos, tome lo que pude, después de eso, hice mi maleta. Pero como siempre me detuviste, no dejaste que me fuera y como ya no existía seguridad en mi seguí refugiándome en tu guarida, y te permití matarme una y otra vez, cuantas veces quisieras…

Hasta que un día decidí comenzar a reconstruirme sin consultártelo, ya no podía seguir dejando regado mis pedazos, desee tanto poder crear iceberg de nuevo, no es tan sencillo como el mundo cree, me hice inmune a tu fuego, me abrace a la soledad con exceso, me volví egoísta, elimine las ganas de seguir combatiendo, me abrí, nunca te dije que me iría y falle por eso, me sentí mal porque te regale esperanzas, te regale ilusión, y en medio de mi construcción te fui destruyendo, te hice agujeros al aislarme, te hice añicos al fingir que todo estaba bien por fuera mientras por dentro yo misma agarraba aguja e hilo y me cocía.

Ayer me desperté decidida, fui a tu casa, te hice el amor, con pasión, con amor, con locura, con deseo, con sentimiento, como todas aquellas veces en las que tu alma y la mía se unían, me despedí sin decirte que era nuestra despedida, porque hay despedidas que ocurren solas, nadie las pronuncia, solo suceden. Sabía que estaba lista para partir cuando te vi igual de herido que yo, razón suficiente para emprender mi rumbo sola, para que alguno de los dos fuera consciente por una vez en la vida; no hice maletas, no me lleve equipaje, te lo deje todo: los sueños, los deseos, los recuerdos, las ilusiones, el aire, los besos, los abrazos, los momentos, espero puedas hacer algo con ello, me traje solo mis cicatrices y la esperanza de sembrar jardines nuevos. 

Me levante, vi por última vez tu rostro mientras descansabas, acaricie tu mejilla, peine tus cejas, bese tu frente…

 Y me fui, porque ya todo estaba dicho y marchito.
Cuando algo muere lo mejor es aceptarlo.

Aksu.

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